La lluvia restallaba en el exterior y la tormenta empeoraba en su virulencia.
Él se sentía protegido dentro de su cama, en su casa.
Ninguna pena arañaba su conciencia por lo que había hecho, cada uno tenía sus hobbies y el de asesino era uno como cualquier otro.
Después de meditarlo mucho se había decidido por aquel hombre que veía todos los días en la parada del bus que cogía siempre para ir al trabajo.
Era un hombre gris, nada en el destacaba ni hacía que fuese parte de la memoria de la gente que lo rodeaba.
Era un hombre como cualquier otro, con su traje gris, su maletín gris y su mirada gris...apagada por el hastío de tener que vivir otro día de condenaautoimpuesta.
Entonces lo sintió.
Al principio creyó que era cosa de la lluvia, pero cada vez el sonido se hacía más insistente.
Era una especia de rascado en la `puerta de entrada de su pequeño piso, algo muy suave, como si estuviesen tocando la madera con unos dedos cubiertos con fieltro.
En su mente se reprodujeron las imágenes de como le había arrancado las uñas una a una..manchándose con sangre ya coagulada.
Sabía que el tipo no había sufrido porque en aquel momento ya estaba muerto.
Lo de arrancarle las uñas había sido un acto de sadismo sin sentido con el que había disfrutado un poco más de aquella experiencia.
Recordaba que mientras lo hacía se había empalmado.
En ese momento la puerta se entreabrió lentamente y él se despejo completamente debajo de las sábanas.
Su oído se aguzó.
Por el pasillo escuchó el murmullo de algo arrastrándose de forma pesada y húmeda, como si se tratara de una babosa enorme.
Y recordó como le había partido los huesos de las piernas para que cupiera bien en el agujero que había abierto previamente en el jardín que había delante de su piso, donde sus encantadores vecinos solían bajar a los perros para que corretearan y socializaran.
Fue cuando llegó junto al agujero con el cadáver cuando se dio cuenta de que había calculado mal el largo ...y con la pala se vio obligado a partirle los huesos de las piernas.
Cuando estaba en plena faena notó que el tipo gris lo estaba observando fijamente con su mirada muerta a través de los plásticos que lo envolvían.
En ese momento le dio algo de grima...así que sin muchos miramientos de una patada lo arrojó al interior del foso y pisando el fiambre lo acomodó en el fondo.
Un escalofrío de regocijo lo recorrió al rememorar los chasquidos que hacían los huesos del difunto mientras saltaba encima de él.
Luego lo cubrió con la tierra que había reservado al lado en un perfecto montoncito que dio lo justo.
Otra vez el sonido del fieltro lo sacó de sus románticas ensoñaciones, pero esta vez iba acompañado de un estertor un tanto desagradable, le recordaba bastante a aquella tarde cuando apretando le rompió la traquea al fulano y sus últimos suspiros fueron con el mismo estertor que ahora estaba escuchando. Hacía unas horas le habían resultado dulces y agradables, ahora la verdad lo estaban acojonando bastante.
La puerta de la habitación se abrió lentamente.
Debajo de las sábanas notaba el corazón latiéndole en las sienes, al mismo ritmo que aquello se arrastraba por encima de la moqueta.
Entonces notó el primer tirón en el edredón y como algo trepaba de forma pesada a la cama.
Primero el peso en los pies.
A continuación el peso en los muslos subiendo por la cadera.
El estertor se metía en sus oídos de forma atronadora, como el ruido del tren cuando estas pegado a las vías.
Y entonces se detuvo en su pecho.
El peso le impedía respirar.
Lo agobiaba bastante, pero no se atrevía a apartar las sabanas para mirar.
Notó como aquello lo olisqueaba por encima del edredón y a cambio le regalaba el tufo a muerto...eso era lo único que no le gustaba de aquella experiencia...nunca se podría haber imaginado que un cuerpo recién difunto podía oler tan mal...
Notaba la humedad traspasando la ropa de cama y entonces se armó de valor y apartó las sábanas y cara a cara se topó con el tipo gris.
Se miraron a los ojos y el vio que realmente no estaba muerto...realmente no estaba allí siquiera...aquello era simplemente el reflejo de su conciencia...era algo que tampoco había podido calibrar que iba a acontecerle una vez que llevara a cabo su tan ansiada primera vez como asesino en serie.
Volvió a cubrirse con las sábanas y se acomodó al peso que lo aplastaba, sabía que no había forma de librarse de eso y que si quería hacerse una carrera en su campo preferido debería hacer mucho más sitio en su cama para los retales de remordimiento.
Al fin y al cabo cuando tienes un hobby siempre tienes que pagar un precio.
Great
ResponderEliminarEstá claro que lo tuyo son este tipo de relatos. Enganchada hasta el último punto. Dios, casí me hago caquita en los pantalones
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