sábado, 28 de diciembre de 2013

La pregunta.

Mientras te acercas sabes lo que quiero.
Lo noto en tu mirada.
Sé que has estado todo el día pensando en mí, se que mientras soportas el tedio tu mente está muy lejos del trabajo descansando en mi pecho.
Por la forma que me besas nada más llegar sé que mientras tomas el café de media mañana te imaginas metido entre mis muslos.
Lo sé por lo que me haces cada noche.
Me gusta que seas tan rudo, que me cojas por la nuca y metas tu lengua en mi boca marcando territorio, diciendo que soy sólo tuya, me hace sentir poderosa provocarte esa sensación.
Me gusta la urgencia con la que me desnudas, cómo me muerdes el hombro mientras me bajas las tiras del sujetador.
Sabes que me vuelve loca tu forma de lamerme los pezones, la tortura que me supone que vayas bajando por mi estómago de una forma tan lenta y que te detengas con tanta maldad en mi ombligo mientras me escuchas jadear desesperada pidiéndote más.
Yo espero también la llegada de la noche cada día, ese momento en el que te puedes escapar de tu rutina para meterte en el país particular que hemos montado dentro de las sábanas de mi cama.
Sé lo que te gusta.
Que te bese suavemente la barbilla y que me entretenga en tu oreja...noto como tu respiración se acelera.
Me gusta acariciarte muy suavemente el pecho mientras me hundo en tu pubis buscando tu placer que también es el mío.
Desde que nos conocemos ninguno de los dos pensamos con claridad hasta que estamos en los brazos del otro.
Nada más importa que tu piel pegada a mi piel, que tu calor en el mío.
Cuando estas dentro de mí el tiempo se detiene y todo el universo gira alrededor nuestra.
Me desespera tu forma de penetrarme, despacio, centímetro a centímetro.
Me sofoca como me agarras las muñecas para que no me mueva mientras me posees.
Me excita tus respiración y tus susurros en mi oído, las palabras sucias y las promesas de amor. Como pasas por todos los registros en cada uno de nuestros encuentros.
Nuestras respiraciones se aceleran al mismo tiempo, se acompasan y nos hacen uno.
Cuando te corres y balbuceas mi nombre yo suelto todos los lazos que atan a la conciencia y me dejo ir hacia la tormenta de placer que has creado para mí.
Sabes que no puedo vivir sin ti.
Sé que no puedes vivir sin mí.
Por eso no lo entiendo.
Así que ahora, mientras enciendo este cigarrillo y veo como te vistes...aún sabiendo que vas a volver mañana...¿me lo puedes explicar?
¿Qué es lo que te hace volver a tu casa dónde ella te espera?


martes, 24 de diciembre de 2013

Un tipo gris.

La lluvia restallaba en el exterior y la tormenta empeoraba en su virulencia.
Él se sentía protegido dentro de su cama, en su casa.
Ninguna pena arañaba su conciencia por lo que había hecho, cada uno tenía sus hobbies y el de asesino era uno como cualquier otro.
Después de meditarlo mucho se había decidido por aquel hombre que veía todos los días en la parada del bus que cogía siempre para ir al trabajo.
Era un hombre gris, nada en el destacaba ni hacía que fuese parte de la memoria de la gente que lo rodeaba.
Era un hombre como cualquier otro, con su traje gris, su maletín gris y su mirada gris...apagada por el hastío de tener que vivir otro día de condenaautoimpuesta.
Entonces lo sintió.
Al principio creyó que era cosa de la lluvia, pero cada vez el sonido se hacía más insistente.
Era una especia de rascado en la `puerta de entrada de su pequeño piso, algo muy suave, como si estuviesen tocando la madera con unos dedos cubiertos con fieltro.
En su mente se reprodujeron las imágenes de como le había arrancado las uñas una  a una..manchándose con sangre ya coagulada.
Sabía que el tipo no había sufrido porque en aquel momento ya estaba muerto.
Lo de arrancarle las uñas había sido un acto de sadismo sin sentido con el que había disfrutado un poco más de aquella experiencia.
Recordaba que mientras lo hacía se había empalmado.
En ese momento la puerta se entreabrió lentamente y él se despejo completamente debajo de las sábanas.
Su oído se aguzó.
Por el pasillo escuchó  el murmullo de algo arrastrándose de forma pesada y húmeda, como si  se tratara de una babosa enorme.
Y recordó como le había partido los huesos de las piernas para que cupiera bien en el agujero que había abierto previamente en el jardín que había delante de su piso, donde sus encantadores vecinos solían bajar a los perros para que corretearan y socializaran.
Fue cuando llegó junto al agujero con el cadáver cuando se dio cuenta de que había calculado mal el largo ...y con la pala se vio obligado a partirle los huesos de las piernas.
Cuando estaba en plena faena notó que el tipo gris lo estaba observando fijamente con su mirada muerta a través de los plásticos que lo envolvían.
En ese momento le dio algo de grima...así que sin muchos miramientos de una patada lo arrojó al interior del foso y pisando el fiambre lo acomodó en el fondo.
Un escalofrío de regocijo lo recorrió al rememorar los chasquidos que hacían los huesos del difunto mientras saltaba encima de él.
Luego lo cubrió con la tierra que había reservado al lado en un perfecto montoncito que dio lo justo.
Otra vez el sonido del fieltro lo sacó de sus románticas ensoñaciones, pero esta vez iba acompañado de un estertor un tanto desagradable, le recordaba bastante a aquella tarde cuando apretando le rompió la traquea al fulano y sus últimos suspiros fueron con el mismo estertor que ahora estaba escuchando. Hacía unas horas le habían resultado dulces y agradables, ahora la verdad lo estaban acojonando bastante.
La puerta de la habitación se abrió lentamente.
Debajo de las sábanas notaba el corazón latiéndole en las sienes, al mismo ritmo que aquello se arrastraba por encima de la moqueta.
Entonces notó el primer tirón en el edredón y como algo trepaba de forma pesada a la cama.
Primero el peso en los pies.
A continuación el peso en los muslos subiendo por la cadera.
El estertor se metía en sus oídos de forma atronadora, como el ruido del tren cuando estas pegado a las vías.
Y entonces se detuvo en su pecho.
El peso le impedía respirar.
 Lo agobiaba bastante, pero no se atrevía a apartar las sabanas para mirar.
Notó como aquello lo olisqueaba por encima del edredón y a cambio le regalaba el tufo a muerto...eso era lo único que no le gustaba de aquella experiencia...nunca se podría haber imaginado que un cuerpo recién difunto podía oler tan mal...
Notaba la humedad traspasando la ropa de cama y entonces se armó de valor y apartó las sábanas y cara a cara se topó con el tipo gris.
Se miraron a los ojos y el vio que realmente no estaba muerto...realmente no estaba allí siquiera...aquello era simplemente el reflejo de su conciencia...era algo que tampoco había podido calibrar que iba a acontecerle una vez que llevara a cabo su tan ansiada primera vez como asesino en serie.
Volvió a cubrirse con las sábanas y se acomodó al peso que lo aplastaba, sabía que no había forma de librarse de eso y que si quería hacerse una carrera en su campo preferido debería hacer mucho más sitio en su cama para los retales de remordimiento.
Al fin y al cabo cuando tienes un hobby siempre tienes que pagar un precio.


domingo, 15 de diciembre de 2013

Cicatrices.

Me besó...y en ese beso sentí cada una de las cicatrices cerradas en su corazón,.
Sentí las desesperación que sus labios me transmitían por ser amado, por ser correspondido y encontrar a alguien que le diera lo que le hacía falta.

La primera cicatriz era de color azul.
Sabía que era de aquella niña con el pelo rubio y los ojos claros, una niña inocente...pero que en esa inocencia escondía el despertar del primer amor.
Pude verla, su sonrisa sin mácula, el recuerdo de como le cogía de la mano y le susurraba palabras de amor puras.
Era esa cicatriz que deja la primera persona que hace que tu corazón tiemble, la que piensas que es con la que vas a pasar el resto de tu vida y que luego se va dejándote desengañado y solo.
Esa cicatriz le había dolido, pero aún tenía un sabor dulce y su recuerdo aún le hacía sonreír por aquella niña de pelo rubio y por la inocencia perdida.

La segunda cicatriz era violeta.
Pertenecía a aquella adolescente con el pelo negro, los vaqueros rotos y la camiseta raída de los Ramones.
Sus ojos verdes maquillados le había robado el corazón y algo más,,, con ella fue su primera vez.
Fue el primer cuerpo desnudo de mujer que sintió en sus brazos.
Ella sabía al primer cubalibre, al primer cigarrillo y a los primeros celos.
La herida había sido profunda y las discusiones  la abría siempre que él intentaba cerrarla. Hasta que la encontró una noche en un pub en los brazos de otro.
Entonces decidió cerrarla para siempre y dejar atrás su niñez.

La tercera cicatriz era verde.
Verde por los celos y la desconfianza que arrastraba...quizás la chica no se lo merecía, o él no se la merecía a ella, pero se volvió totalmente loco.
Duró hasta que ella no aguantó más, no aguantó el acoso, las continuas llamadas y las preguntas que la agobiaban.
Simplemente un día desapareció, sin explicaciones y sin reproches.
Salió de su vida para nunca más volver.

La cuarta cicatriz era amarilla.
Ella era la luz del sol.
Cansado de la lluvia se fue a trabajar un verano al sur para conseguir darle un poco de calor a sus huesos y alejarse de todos los recuerdos que cargaba en su pecho y le hacían sentirse mal.
Entonces la conoció, paseando por la playa como una auténtica sirena con la piel tostada y la sonrisa más alucinante del mundo.
No se entendían pero eso no impidió que se enamoraran de forma apasionada, con ella escuchó palabras de amor en otro idioma y promesas de eternidad.
Pensaba en irse con ella al acabar el verano, hablaban de sus planes tumbados por las noches en la playa con las manos entrelazadas después de hacer el amor bajo las estrellas y ansiaban comenzar a vivir las aventuras mas increibles alrededor del mundo, pero el verano se acabó y ella se acabó con él.
Recordaba aún lo que lloraron en el aeropuerto, como se juraron medio en castellano medio en polaco escribirse todas las semanas y llamarse en cuanto pudieran.
Como se verían una vez al mes en un destino intermedio, pero todo se quedó en eso...en promesas que con el pasar del tiempo se diluyeron en la nada y quedaron en cenizas.

La quinta cicatriz era roja.
La conoció en la biblioteca, mientras estudiaba para los exámenes finales de la facultad.
Se sentaba enfrente de él todos los días, con su pelo rojo recogido en un moño descuidado y sus gafas de pasta negras, cada noche al llegar a casa pensaba en ella así que, uno de ellos, se decidió a entablar conversación.
De esa conversación pasaron a los cafés, de los cafés pasarón a las discusiones típicas de dos universitarios que creen que van a comerse el mundo y a cambiarlo el día de mañana, de la filosofía, la literatura y la política pasaron a la cama.
Follaban como si no existiera el resto del mundo, ella despertaba todos sus sentidos y lo volvía un pervertido, nada más importaba cuando estaban piel contra piel.
Él estaba convencido que era la mujer con la que se casaría y decidido compró un anillo y se lo pidió, pero ella lo rechazó.
Dijo que en su país de origen le esperaba alguien, que ya estaba prometida y que él sólo había sido una aventura de Erasmus, y así se acabó.
 No la volvió a ver ver por la biblioteca y a golpe de polvos con otras chicas la fue olvidando, aunque nunca volvió a encontrar lo que había encontrado en aquella escocesa.

La sexta cicatriz era añil.
Fue una amiga de su madre.
Cuando volvió a casa con el diploma en la mano ya era todo un hombre y aquella mujer madura le puso el ojo encima.
Al principio era excitante, algo totalmente prohibido y el sabía que no podía pasar de ahí.
Pero aunque  se resistió al final se acabó enamorando.
Todo era sencillo porque sabía lo que había, pero un día ella cambió.
Desconfiaba de él, pensaba que era demasiado joven para ella y que podían hacer mucho daño a la gente de su alrededor...que no lo entenderían, que no quería perder la amistad de su madre por un chiquillo ni que su marido se enterara de la infidelidad y la dejara.
Así que zanjó el asunto, él le suplicó y la persiguió durante un tiempo, hasta que ella harta le amenazó con denunciarlo por acoso, así que se rindió y disimuló delante de su familia cada vez que la veía en público colgada del brazo de aquel otro hombre que no sabía como hacerla feliz.

Y entonces me conoció a mí.
Yo trabajaba de camarera y siempre lo veía sentado detrás de la barra.
Todos los día a la misma hora pidiendo lo mismo y pasando allí las horas muertas hasta que cerrábamos.
Un día comenzamos a hablar, era un hombre terriblemente atractivo, y de la charla pasó a esperarme cuando salía y acompañarme al coche para que no fuera sola.
Día tras día, confidencia tras confidencia hasta que me besó...y en ese beso sentí cada una de las cicatrices cerradas en su corazón y como se hacía el espacio para mañana acoger a la cicatriz que yo le dejaría.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Línea 12.

El frío en la parada de bus no es normal...vale que es diciembre...vale que está viniendo un inverno bastante atípico para estar en Galicia, demasiado seco y con unas temperaturas demasiado bajas,...pero es que el frío en esta parada no es normal....pateo en el suelo intentando que los pies me entren en calor.
Subo un poco más la música y "Only one" del John Butler invade mi cabeza, me cobijo en el abrigo pero no es suficiente...estoy dudando en sí ir a buscar un café para llevar a la cafetería de enfrente cuando el bus por fin aparece.
 Es la línea 12, a ver si doy llegado a tiempo al hospital sin que me tenga que cruzar con esa enfermera repelente, así podré estar un rato con mamá y después ir a la facultad...no tengo muchas ganas pero estoy deseando sacarme de en medio esas asignaturas que me quedan y poder conseguir un trabajo mejor que el que tengo a media jornada.
Saco el bonobus y sonrío al entrar, pero el conductor ni me mira, se le ve cansado, es obvio que está totalmente instalado en la monotonía y que nosotros sólo somos ganado para él, cosas sin interés para transportar y ganarse el pan.
Me siento un poco molesta, la verdad es que estoy cabreada, a las 7 de la mañana a nadie le apetece ser agradable, pero ser agradable no cuesta dinero...en fin...la gente da asco.
Me siento en el fondo del bus, en un asiento y miro por la ventanilla, con un crujido el vehículo arranca y se pone en marcha. 
Sigo enfrascada en la canción, me encanta, es un grupo que descubrí hace poco pero que realmente vale la pena... y de repente no se como me fijo...sentado enfrente mía, sonriéndome, con sus ojos clavados en mi hay un chico.
Lo he visto en otras ocasiones en el bus, y sí, me había fijado antes en él, pero que me sonría así me turba.
Veo que mueve los labios y me saco un auricular:
-Perdona, no te estaba escuchando-susurro.
-¿Cata?...¿Verdad?
Estoy alucinada.
-¿Cómo sabes como me llamo?
-Sencillo, lo pone en la chapa de tu mochila...
Me sonrojo perturbada...soy idiota, esa chapa me la regaló mi madre hace mucho...mucho antes de ponerse enferma y la puse en la mochila y me olvidé de ella.
Él chico sigue hablando:
-Me he fijado que siempre compartimos el bus, y que siempre te sientas en el mismo asiento...así que decidí sentarme aquí para conocerte.
-Verás...-farfullo-no sé que quieres, pero no es mi estilo hablar con desconocidos.
-Pero tú y yo no somos desconocidos...-Su sonrisa es realmente agradable, y sus labios son preciosos - Llevamos compartiendo el bus desde hace 1 año...así que somos con un viejo matrimonio, que están  acostumbrados a verse pero que ya nunca se dicen nada...¿Sabes lo que te digo?
Sonrío yo también, la ocurrencia es estúpida, pero me ha atrapado con toda esa palabrería.
-Y que sugieres...-me lanzo- ¿qué intentemos arreglar esto o que nos divorciemos?
-Mujer...no debes ser tan drástica...yo no quiero el divorcio, podrías desplumarme y yo prefiero reconquistarte.
Una risa nerviosa se me escapa, esto es lo más raro que me ha pasado nunca.
-Está bien...¿Cómo te llamas?
-¿Cómo te parece a ti?
-No sé, no soy muy buena ene esto...¿ Lucas?
Arruga los labios en un mohín:
-¿Te tengo cara de Lucas?
-Es un nombre que me gusta, yo tenía un gato que se llamaba Lucas.
Ahora el que se ríe es él:
-No jodas..¿.y que pasó con Lucas?
-Pues que se cayó por la ventana, se enredó en unos tendederos y...
-¿Hasta luego, Lucas?
Lo miro totalmente pasmada, pero no puedo evitar soltar una carcajada. Este tío es muy simpático.
El bus se está acercando ya al centro de la ciudad.
-Bueno Lucas,¿Cuál es tu parada?
-Primero me gustaría saber la tuya, eres estudiante universitaria...se nota en tu forma de mirar por la ventana, y estudias enfermería seguro.
Me pongo nerviosa...eso sí que no tiene forma de saberlo, él lo nota en mi mirada.
-En eso he hecho trampa...es que te he visto algunas veces con los apuntes en la mano...y como a veces te sentabas detrás mía le echaba un vistazo. Lo que me choca es que cojas tan temprano el bus y que en vez de en el campus te bajes en el hospital...¿Estas haciendo ya las prácticas?
-No...mi madre está ingresada.
-Vaya lo lamento...no quería ser inoportuno.
Un silencio incómodo se instala entre nosotros. Bajo la mirada tratando de encontrar un tema de conversación. se que esto es incómodo...
-¿Quieres que te cuente un chiste?
Levanto la vista y sus ojos verdes y risueños se clavan en los mios, tiene unos ojos realmente bonitos, son chispeantes y frescos, cómo masticar la  menta después de un trago de mojito.
-Si, claro, cuenta...
-Esto es un hombre que va al médico y le dice: "- Doctor, últimamente me siento más gordo y feo, ¿qué tengo? " y el médico mirándolo fijamente le contesta "- Mucha razón"
Comienzo a reirme a lo loco, el chiste es malo de cojones, pero me encantan los chistes malos, y este chico ha llamado mi atención.
El bus vuelve a parar y me doy cuenta de que estamos ya en el hospital. Me levanto y el me sigue con la mirada:
-¿Mañana cogerás el bus?-le pregunto...pero en el mismo momento me siento imbécil, me va a tomar por una desesperada.
-Como todos los días, Cata.-Me contesta rapidamente, sonriendo, tranquilizándome.
Me bajo y desde la acera lo miro.
El me sonríe, y antes de que las puertas hidráulicas se cierren sonrió y le grito:
-¡Hasta luego, Lucas!

martes, 10 de diciembre de 2013

Resaca VI.

Querido M:
Llegué a casa sin aliento.
 Las lágrimas pujaban por salir y me abrasaban los ojos.
Sólo sentía dolor...soledad...odio...¡Dios!...cuánto te odiaba...ni yo misma lo sabía en ese momento.
Te odiaba por mentiroso; pero más mentirosa era yo. Te odiaba por mezquino; pero yo había sido diez mil veces más cruel...te odiaba, y odiándote, me odiaba a mi misma.
¿Cómo habíamos llegado a ese punto?
 Ni yo misma lo sabía.
¿Dónde nos habíamos perdido el uno al otro?
Ya no recordaba ni que palabra envenenada  consiguió romper todas nuestras ilusiones.
Miré a mi alrededor, las fotos de nuestros buenos tiempos me sonreían desde la pared, desdeñosas, riéndose de mi dolor...del abismo que se abría en mi pecho.
Con furia ciega comencé a arrancarlas de las paredes y a estamparlas en el suelo...te odiaba...te odiaba como nunca había odiado a nadie, te odiaba porque te quería como nunca había querido a nadie antes y tú...tú me habías abandonado, me habías dejado a solas con mis demonios, te habías cansado de luchar conmigo.
Pisé los cristales rotos, los noté a través de la suela de mis botas...me deshacía a cada paso y entonces me descalcé y comencé a saltar sobre ellos.
El dolor me atravesó desde las plantas de los pies hasta la cabeza, y me alivió...alivió el dolor de mi corazón. Por un momento reaccioné, volví a ser yo y miré hacia el suelo...los cristales rotos se mezclaban con la sangre que manaba descontrolada de mis pies, me mareé y corrí hacia el baño.
Vomité todo, vomité el café, el donuts, el dolor, nuestras noches de susurros, las infinitas peleas por mi poco control con el alcohol, mis reproches por los celos que me provocaban tus amigas, tus insultos por mis deslices, vomité hasta que agotada caí a un lado del váter y por un momento perdí la consciencia.
Cuando desperté tenía frío, no notaba nada, estaba completamente vacía.
Me dolía los pies, seguía sangrando pero menos. De echo ni me importaba...me daba igual.Nada tenía transcendencia en ese momento.
De rodillas me dirigí a la cocina y me aferré a una botella de ginebra, no sé cuánto tiempo estuve así, las horas pasaban lentas, demasiado lentas y fue anocheciendo. El alcohol me calentaba.
Cuando levanté la vista allí estabas tú.
Mirándome desde el dintel de la puerta, con la cara totalmente desencajada por el espanto.
No te había oído entrar.
Un odio ciego me invadió.
Eras un traidor, un cobarde...¿Y tenías la desfachatez de entrar en nuestra casa?¿Pero quién coño te creías que eras?
Como pude me apoyé en el mueble de la cocina y me fui incorporando, los pies me latían de forma descontrolada, y el dolor era terrible, pero me dolía mas tenerte allí, no podía pensar. La cabeza me zumbaba y estaba bastante ebria, lo único que sentía era eso...dolor...dolor y odio...no quería verte, ni quería escucharte.
Cuando te acercaste a mi la bofetada resonó antes de que pudiese pensarlo, te la dí con todas mis fuerzas, pero tú, en vez de alejarte me agarraste con más fuerza.
Sí, me asusté, pero quién no lo haría, la situación se me escapaba totalmente de las manos, era algo superior a mí, era algo horrible, otra discusión más.
-Esta es la última-me dije-  no tiene sentido continuar.
E intenté huir de ti, pero no podías dejarme ir, tú siempre querías tener la última puta palabra y por eso, al verte ignorado, al sentirte frustrado me empujaste.
Me golpeé en el abdomen contra la encimera del fregadero y el dolor acabó de cegarme.
No recuerdo el momento exacto, pero recuerdo que cuando volví en mí mis manos tapaban la herida de tu pecho, la sangre salía a borbotones, espesa y oscura, cubriéndolo todo. Empapándome los dedos, las palmas, la empuñadura del jersey, era una sensación muy desagradable...
Olía mal, como a hierro mezclado con almizcle, era un olor demasiado dulce y tus ojos me miraban pasmados.
Comencé a llorar, y mis lágrimas acompañaban a la luz que se iba apagando poco a poco de tus pupilas.
Me incliné sobre ti y te besé, justo a tiempo para recoger tu último aliento de vida.
Estabas muerto...pero aún caliente, así que me tumbé a tu lado y agarrándome a tu cuerpo lloré todo lo que podía llorar por ti, por mi y por nosotros.
Te había perdido por imbécil y por inmadura, pero no estaba dispuesta a dejarte ir tan fácilmente.
Haciendo un último esfuerzo me levanté del suelo y fui hasta el botiquín. allí estaban los ansiolíticos y los antidepresivos que me había recetado el médico la última vez que intenté dejar de beber para ceñirme a tu ultimatum, los cogí y volví a la cocina.
Al entrar me resbalé con tu sangre...seguías allí... mirando al infinito y con la boca abierta, eras tan guapo..M...M...¿qué te había hecho?
Sollocé y me senté a tu lado, cogí de nuevo la botella, aún estaba mediada, así que comencé a tomar un trago, una pastilla...un trago...una pastilla...un trago...
Perdí la cuenta de ellas, perdí la cuenta de los minutos, perdí la cuenta de la realidad y me recliné sobre tu pecho.
M...ya que en la vida no te había sabido querer te iba  a querer en la muerte...
Cuándo me desperté estaba en este hospital, no sé como llegué aquí o quién me socorrió...sólo sé que no quiero vivir sin ti, pero un guardia está las 24 horas en mi puerta y las enfermeras pasan cada cierto tiempo en rondas para tenerme controlada. Esto es una mierda, nunca hago nada bien, tenías tú razón, soy un completo desastre...
Pero M, no te preocupes, buscaré la forma de estar contigo y tarde o temprano lo conseguiré, ya sabes que a cabezota no me gana nadie.
Hasta pronto mi amor.
Siempre tuya.
Ella

martes, 3 de diciembre de 2013

Resaca V.

M se levantó de golpe derramando el café y haciendo que la silla se cayera al suelo.
Hessa abrió los ojos como platos y susurró su nombre, pero él no la escuchaba, tenía la mirada fija en una mujer...era Ella.
M se encaminó hacia Ella, su cara era de total arrepentimiento de terror y cuando llegó a su lado la bofetada sonó como un látigo.
Ella no se había podido contener, con ese gesto se deprendía de toda la rabia, de todo el dolor que llevaba acumulado esa mañana.
Él después de dejarla destrozada en su apartamento, apenas hacía dos horas, estaba allí en el parque besando a una chiquilla que no sabía ni quien era.¿Y luego se atrevía a tacharla a ella de infiel? ¿A llamarla puta en su casa?
-Nena, esto tiene explicación.-Susurró él.
-No quiero escucharla, eres un cerdo asqueroso, vas de mártir por la vida y tú...tú..tú..¿Cómo coño te atreves?
-Esta chica la cono...
-Me da exactamente igual, la compadezco, eres un ser falso que no mereces nada de lo que tienes, ¿y yo sintiéndome mal por engañarte? Anda y que te follen, ahí te quedas.
Ella se dio la vuelta y a buen paso los dejó a los dos a solas. M se giró hacia Hessa, ella estaba con la mandíbula desencajada, totalmente alucinada:
-Ella es mi ex...lo acabamos de dejar pero aún tenemos asuntos pendientes y..
-No tienes nada que explicarme, ve a junto de ella y arréglalo, es obvio que aún la quieres.
M sonrió y salió conrriendo detras de Ella.
Hessa simplemente acabó el café y pagó...le había quedado totalmente claro que los tíos, por muy majos que parecieran y por muy bien que besaran... son unos cerdos.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Resaca IV.

M caminaba por la calle principal, cerca del parque, parecía que ese día a todas las parejas de la ciudad se  les había dado por salir a pasear y a mostrar su amor en público.
Seguía dudando de si lo que había hecho era lo correcto, y por momentos dudaba de si dar la vuelta y pedirle a Ella perdón.
Pero entonces se acordaba de todas las veces que le había hecho daño y se reafirmaba en su decisión, esto tenía que acabar y alejarse de esa mujer era lo mejor que podía hacer.
Se sentó en un banco del parque y dejó que el sol le diera en la cara, cerró los ojos y disfrutó de esos momentos en los que parecía que se había sacado un gran peso de los hombros, cuando una sombra se interpuso entre él y el sol.
M no quería abrir los ojos, tenía miedo a que fuera Ella, pero entonces una voz cantarina lo llamó por su nombre, no era la voz apagada de Ella, era una voz alegre y sin ninguna preocupación.
Abrió los ojos y se encontró con Hessa, recordaba haberla conocido la noche anterior, a la luz del día sin todo ese maquillaje y la ropa provocativa era mucho más guapa y atractiva, parecía mucho más inocente y joven de lo que recordaba y su sonrisa mucho más franca.
Lo invitó a tomar un café en la terracita de la cafetería del parque y M dudó, por un lado le apetecía estar solo pero por otro la compañía de una chica agradable y sexy no era nada desdeñable, así que finalmente capituló y acepto el café.
Al levantarse Hessa se enganchó de su brazo y medio lo arrastró para sentarlo en una de las sillas de hierro forjado, el aire se sentía fresco y agradable y el sol calentaba lo suficiente para que el frío de Noviembre fuese más llevadero.
La chica pidió dos cafés y un plato de churros para tener algo que mojar; me se descubrió pensando en mojar otra cosa y se sonrió para sus adentros.
La charla de Hessa era agradable y relajante, aunque realmente no tenía ningún sentido ni interés, pero era como una canción de fondo, que aunque no le prestas total atención en cuanto te descuidas te descubre tarareándola para tus adentros.
El café llegó y los chistes, y los chismorreos sobre conocidos comunes y M se fue relajando y olvidándose de Ella y de todo lo que había pasado esa mañana y entonces sucedió, Hessa de forma descuidada apoyó una de sus pequeñas manos sobre una de las manos de M, un tenso silencio se interpuso en el ambiente y Hessa se mordió el labio de forma provocativa y sin saber cómo y cuándo  M estaba besándola, de una forma tierna y suave, sin prisa, disfrutando de esos labios jóvenes y carnosos y después de dos años se sintió por fin feliz.

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Ella estaba harta de estar en la cama, se levantó y se metió en la ducha, estaba realmente cabreada, que se creía ese cretino, darle la esperanza, jugar con ella así y luego insultarla, si pensaba que se iba a ir de rositas iba listo el campeón. Se secó el cuerpo de una forma vigorosa, estaba dispuesta a ir a la casa del amigo de M(en la que se había instalado cuándo se fue la última vez) y partirle la cara...no...antes de partirle la cara le iba a hacer tragarse esos dos billetes y unos cuantos reproches, ¿acaso él era tan perfecto?
Se puso unos vaqueros, una camiseta que él le había regalado de un grupo que a ella le gustaba y el abrigo. Antes de salir se enfundó en sus botas y nada más atravesar la puerta se encendió un cigarrillo, su estómago protestó, le dolía todavía y tenía algo de hambre.
-Cogeré un café para llevar y un donuts en la cafetería del parque, total me queda de camino- se dijo, y tras comprobar que tenía dinero en el bolsillo aparte de los dos jodidos billetes se puso en marcha.
El sol calentaba bastante para ser Noviembre y Ella lo agradeció, le encantaban los días de invierno en los que el aire era frío pero el sol calentaba lo bastante como para que fuese agradable.
Por fin llegó al parque, estaba lleno de jodidas parejitas demostrándose amor eterno, a Ella eso le parecía ridículo, el cariño en público estaba de más...M nunca se lo había dado en público y no por eso dudaba de que la quisiera con locura...o por lo menos eso era lo que sucedía antes.
Sin dilación entró en la cafetería y pidió su café para llevar y un donuts que fue mordisqueando mientras acababan su pedido, pagó y salió fuera.
Ya se había acabado el dulce, la verdad que si que estaba famélica, y acercándose a una papelera de la terracita se dispuso a tirar la servilleta cuando...sus ojos no daban crédito, en una de las mesas estaba M con una mujer a la que no había visto antes.
Su M estaba allí comiéndole la boca a esa cualquiera, dándole un morreo en público, a otra...cuando hacía tres horas estaba follándosela en su cama, en la cama que había compartido durante dos años, Ella no se lo podía creer y el café se le cayó de las manos desparramándose por todo el suelo.
Por fin ellos se separaron, la chica se veía muy joven y miraba con auténtica adoración a M y entonces el desvió por un segundo la vista y sus ojos se cruzaron con los de Ella.
El miedo se reflejó en los ojos de M, el despecho se reflejó en los ojos de Ella y en ese momento los dos supieron que el destino estaba sellado.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Resaca III (El punto de vista de M)

Me había costado muchísimo demostrar desdén, me había vestido de espaldas a ella simplemente para que no me viera deshacerme mientras reunía las fuerzas para dejarla.
La amaba más que a mi vida, pero no podía seguir presenciando lo de los últimos dos años, como se iba destruyendo poco a poco ante mis ojos, como dejaba de ser la mujer a la que conocí y de la que me enamoré...llamarla puta, destrozarle el corazón fue lo más duro que hice en mi vida, ver a través de sus ojos abiertos como balcones como su alma se rompía en cachitos me hizo temblar como un niño, pero era lo correcto, debía alejarme de ella.
Obviamente no tenía ni idea de lo que había hecho ayer, pero por su cara de estupeafacción no había sido nada bueno, la verdad prefería no saberlo.
La culpa era en parte mía, cuando fui al baño me encontré con Juliano y me enredé hablando con él, sobre la música, de cómo le había quedado el garito...me invitó a una copa y recordamos viejas andanzas, sólo cuando me preguntó por ella recordé que la había dejado sola y con una excusa rápida lo planté para buscarla.
Cuando vi que estaba con su amiga, totalmente borracha y coqueteando con aquellos dos niñatos me hirvió la sangre en las venas y no pude evitar comenzar a discutir con ella.
Lloró y se disculpó pero yo en ese momento no quería escucharla, planeaba una noche de reconciliación, que volviéramos a ser lo que eramos en principio, pero aún me dolía demasiado su ultima infidelidad, el problema es que ya no confiaba en su palabra y la mujer en la que se había convertido ya no era la mujer de la que me había vuelto completamente loco. Todo había cambiado por sus inseguridades y esa puta manía de escudarse en el alcohol para ser más dura...
En mitad de la discusión apareció la estúpida de su amiga, sabía que no le caía bien desde el principio y esa zorra siempre me lo había dejado claro, se metió entre los dos y se la llevó aparte, no se que farfulló sobre lo pringado que yo era y que conocía un sitio donde celebraban una fiesta privada. Para mi sorpresa mi chica asintió, y dándose la media vuelta me dejó con la palabra en la boca y se largó con la víbora aquella.
En ese momento no quise saber nada más, volví para el local y busqué a Juliano, me pasé el resto de la noche allí, bebiendo y ligando con otras chicas, al fin y al cabo a saber lo que estaba haciendo mi novia...pero al final me aburrí, ninguna me interesaba realmente, eran las típicas pavas que te puedes encontrar un sábado a la noche cualquiera, totalmente insulsas y con las tetas tan grandes que no dejan cabida a tener masa cerebral dentro de sus coquetas cabecitas. Así que medio borracho me despedí de mi amigo y de su corte de play-mates y me fui para casa dispuesto a dormir y que la almohada solucionara mis problemas.
A la mañana siguiente cuando me desperté tenía un mensaje de Ella...me pedía disculpas y decía lo mucho que me quería, que después de la discusión se había ido para casa y que no podía dejar de darle vueltas a la cabeza...El corazón me saltó en el pecho...me moría por llamarla, por abrazarla y decirle que todo iba a ir bien, que yo estaría para siempre ahí para cuidarla y protegerla, pero entonces decidí algo mejor, me duché y me vestí y salí todo lo rápido que pude hacia su casa.
Le daría una sorpresa, la llevaría a desayunar y pasearíamos por el parque aprovechando el sol del domingo, todo se solucionaría y todo estaría bien.
Los 15 minutos que nos separaban se hicieron eternos y por fin llegué a su portal, estaba nervioso, todo me temblaba por dentro, aproveché que un vecino abrió la puerta para colarme dentro del edificio.
 Me imaginaba a mi niña aún envuelta en la toalla, con el pelo húmedo cayéndole en cascada por la espalda y sus enormes ojos mirándome con sorpresa...una erección se revolvió salvaje en mi pantalones.
Con el corazón en un puño timbre tímidamente...no se oía nada, volví a timbrar esta vez con más fuerza y escuché como se acercaba a la puerta y comenzaba a abrirla. Ensanché la sonrisa pero entonces apareció en el quicio de la entrada, mis ojos se abrieron como platos.
Ella estaba echa polvo, sus mejillas estaban irritadas, su camiseta sucia de vómito y su pelo sucio y enredado, desde la distancia podía percibir el hedor del alcohol y el tabaco reseso...me decepcionó de una manera descomunal, pero entonces recordé cuanto la quería y la atraje hacia mi rodeándola con los brazos y besándola.
Su lengua reseca e hinchada se sintió muy rara en mi boca, sabía realmente mal, a pesar de todo lo ignoré y cogiéndola en volandas la llevé hasta la habitación apresuradamente.
Con pasión me desnudé y le saqué la poca ropa sucia que llevaba encima, me enfadé al ver que sus bragas estaban manchadas de semen y que en sus muslos se podía apreciar marcas de mordiscos y rasguños.A pesar de todo en ese momento la pasión me envolvía,así que me lancé encima de Ella y la penetré salvajemente haciendo caso omiso de todas las cosas desagradables.
Pero en mitad del polvo todo se deshincho, no podía dejar de darle vueltas a la cabeza, Ella olía a otros tíos, en su cuello y en su pecho también había otras marcas y de la pasión pasé al más absoluto de los enfados. Me aparté y me senté en la cama, el aire no me llegaba a los pulmones y las lágrimas pugnaban pro salir, ¿Cómo podía ser tan imbécil?
-Se lo que hiciste anoche.- le espeté, Ella emitió un respingo de terror, se delataba con cada gesto, era una puta mentirosa.
 Me maldije y tragándome mi orgullo me levanté y comencé a vestirme, la notaba detrás de mi, inquisidora, falsa, observando lo que hacía, en ese momento quise herirla, joderla como ella me jodía  a mi y en un arrebato de crueldad busqué en mi bolsillo y encontré dos billetes doblados, los billetes con los que tenía pensado invitarla a desayunar y comprarle unas rosas rojas que tanto le gustaban para poner en el recibidor, me giré y desafiándola le dije:
-Era una prueba que no has superado, eres una puta, adiós.
Y le arrojé los dos billetes a la cara, me sentí un gusano, un cerdo sin corazón y Ella me miró como si hubiese atravesado el suyo con un cuchillo de matarife.
Las lágrimas seguían empujando así que sin dilación me dí la vuelta y salí de aquella casa, en el rellano rompí a llorar.
 La había perdido, la había perdido para siempre y todo por no saber ayudarla cuando realmente tenía que haber sido su hombre.

martes, 26 de noviembre de 2013

Resaca II

Tumbada en la cama se asía al móvil como su tabla de salvación, hacía una hora de reloj que le había mandado el mensaje a M...sabía de sobra que la había cagado pero eso no le daba derecho a ignorarla de esa forma.
Desbloqueó el teléfono y se quedó mirando la pantalla como si fuese una puta bola de cristal...el enfado empezó a subirle desde las plantas de los pies y las lágrimas, como ríos de fuego le quemaron las mejillas.
M era un cretino, no se merecía a una mujer como ella...o tal vez no era tan cretino y pasar de ella era lo mejor que podía hacer. 
Tiró el móvil a un lado y el nudo que le atenazaba la garganta se cerró un poco más... estaba tentada a mandarle otro mensaje, pero no sabía que más ponerle ni que más decirle para pedirle perdón.
Ahora que lo daba por perdido era cuando más lo echaba de menos, se levantó despacio de la cama, sin ganas ya de nada, arrastrando los pies se dirigió a la cocina.
Desde las paredes M con una mujer lo miraba sonriendo...esa mujer era la verdadera, la que M se merecía y no la sombra de aquella que se arrastraba como un alma en pena por el pasillo.
Ella sin vergüenza dejó que las lágrimas se deslizaran por su cara, que arrasaran con la capa de maquillaje que aún quedaba.
Llegara a casa directa del motel y ni siquiera se duchara, sólo se sacara la ropa para intentar sacarse con ella la pena y la culpa, pero la tristeza estaba totalmente incrustada en su piel.
Llegó a la cocina y abrió la nevera, cogió la botella de vodka dispuesta a darle un buen lingotazo y olvidarse de todo.
M...M...M..su nombre golpeaba su cerebro y le clavaba un poco más la espina en el corazón...¿Por qué había llegado a esta situación? Él sabía desde un principio que disfrutaba bebiendo, esa faceta salvaje de ella era lo que a él más le gustaba...pero un día empezaron los reproches, empezaron las habladurías de lo que Ella hacía cuando M no estaba delante y cómo con una copa se conseguía más con Ella que un poco de conversación y M le puso un ultimatum, o él o el alcohol, no había nada más que decir.
Al principio le fue fácil pero la monotonía al final le pudo, era todo desmasiado tranquilo y no se sentía ella realmente, al principio lo hacía a escondidas, sólo era un sorbito del mueble bar de vez en cuando pero un día M la pilló con unas amigas en un pub bastante borracha y en los brazos de otro...aquella vez si que pensó que lo perdía pero a los pocos días M la llamó, dijo que sin ella no podía vivir y que lo intentaran una vez más.
Ella estaba muy contenta, habían quedado en el restaurante al que la había llevado en la primera cita y se arregló con esmero. 
Se puso el vestido que él siempre le celebraba, se soltó la melena y se pintó los labios de rojo...pero M quiso cenar con vino y a Ella le tembló el pulso..una copa como siempre no era suficiente, pero eso M no lo entendía. 
Pensó que por un poco de vino no importaba y que después se irían a casa a hacer las paces follando toda la noche como locos, pero M quiso ir a tomar una copa a un pub que abrían ese día sus  amigos, recordaba que había pedido un mojito y que M se había ido un momento al baño, entonces se encontró con una amiga y se tomaron un par de chupitos, él tardaba así que al mojito le siguió un combinado, a ese otro y luego la maldita nebulosa, era obvio que había perdido el control y sabía que había discutido con M.
Miró la botella de vodka y se levantó del suelo, la vació en el vertedero y vomitó por encima...le dolía el estómago pero más le dolía el orgullo, le había perdido perdón pero el teléfono seguía sin sonar. Él no la quería tanto como predicaba, era un falso y un mentiroso, como todos los tíos.
Entonces el timbre de la puerta sonó, trastrabillando corrió para abrirla...el corazón le retumbaba en el pecho y en la sienes y casi sin aliento abrió.
Al otro lado estaba M, la miraba por encima del hombro, con desdén, en sus ojos ya no quedaba ni gota de la ternura que solía tener y que la hacía sentir tan especial.
La cogió por los brazos con violencia y la besó, fue un beso profundo, posesivo y urgente. Ella se agarró a su cuerpo como si no hubiese un mañana y se dejó arrastrar hasta la habitación. M la lanzó sobre las sábanas revueltas y se desnudó sin ningún tipo de miramiento, le arrancó las bragas que llevaba puestas y sin dejarle un momento de respiro la penetró hasta el fondo.
Ella gimoteó, pero el placer superaba al dolor y se sentía demasiado feliz de que M estuviese allí como para romper el encanto del momento.
Él la cubría por completo apenas podía respirar y notaba como se habría paso en sus entrañas...una...dos...tres...cuatro...cinco veces, pero cuando estaba a punto de correrse M paró, él ya había acabado y se retiró, se sentó en la cama y Ella a su lado tratando de tocarlo.
-Sé lo que hiciste anoche.
A Ella se le paralizó la sangre en las venas y agachó la mirada, estaba desolada, ahora entendía que eso no iba a ser una reconciliación.
-No tienes nada que decir, te dije que esa era la última oportunidad, te quiero pero me quiero más a mi.
Ella levantó la mirada intentando buscar la suya, pero M ya se estaba vistiendo de espaldas a ella.
Cuando acabó se giró y la miró directamente a los ojos. En su mirada ya no quedaba nada, Ella sólo pudo encontrar desprecio. Entonces M se metió la mano en el bolsillo y sacó un par de billetes, se los arrojó encima de la cama y dándole la espalda musitó.
-Era una prueba que no has superado, eres una puta, adiós.
Y así sin más desapareció de su habitación, de su casa y de su vida. Ella se sentía sucia y encendiendo un cigarrillo se juró que M se acordaría de ese desprecio tarde o temprano.
-Al fin y al cabo- pensó- la venganza es un plato que sabe mucho mejor frío.


lunes, 25 de noviembre de 2013

Resaca.

Ella abrió los ojos, la luz se colaba entre los huecos de la persiana. El aire estaba cargado, olía a alcohol, a sudor y cigarrillos.
Parpadeo un par de veces para situarse, no se acordaba de donde estaba, el papel verde de las paredes no le sonaba y las manchas de humedad no le ayudaban a ubicarse, ella jamás se alojaría en un sitio así.
Cerró los ojos y respiró fuerte intentando bostezar para así acabar de despejarse, pero lo único que consiguió es que el aire enrarecido entrara en sus pulmones haciéndole toser, un cuerpo tibio se revolvió a su lado acomodándose.
Ella estiró la mano y tocó la carne suave y caliente que reposaba a su izquierda, era una piel de mujer, no tenía ni idea de que la había llevado a esa situación, entonces una mano nueva rozó su pierna derecha. Se irguió en la cama apoyándose en los codos y entre la penumbra pudo discernir todos los cuerpos que reposaban en la habitación...Por lo menos había allí 10 personas repartiéndose entre la cama, dos colchones en el suelo y un sofá de sky que había conocido tiempos mejores.
Ella maldijo para sus adentros, había caído otra vez, y eso que se había dicho la última vez que nunca más bebería hasta perder los papeles de esa forma. Intentó tranquilizarse y ordenar su cabeza y con cuidado se deshizo de la mano que asía su pierna tratando de no despertar al dueño de la misma y como buenamente pudo salió de la cama. Nada más apoyar el pie en el suelo sintió el desagradable tacto de los preservativos que cubrían las zonas en las que no había colchones o cuerpo, encima de la mesita de noche un cenicero rebosaba hasta el tope de colillas y unas cuantas botellas de vino y otras bebidas  totalmente vacías le hacían compañía.
¿Qué diablos había pasado la noche pasada? Sólo se acordaba de que había quedado con M, que habían cenado en el restaurante de la calle principal, en ese al que la había llevado en la primera cita,  con una botella de vino frío y muchas risas y que al acabar el propuso ir a un nuevo pub que inauguraban unos amigos suyos...¿Cómo había acabado en una habitación llena de personas desnudas?
Se levantó pesadamente y le dio un ligero vahído, tenía la boca pastosa del alcohol y el tabaco de la noche anterior, se acordó de las tres primeras copas y de los cuatro primeros chupitos pero a partir de ahí una nebulosa deslucía el resto de la noche, sólo se acordaba que en un momento dado discutió con M, no sabía el por qué pero tenía la desagradable sensación de haberla cagado... buscó su ropa y con cuidado de no pisar a nadie se fue deslizando hasta la puerta de la habitación, ninguno de aquellos desconocidos pareció darse cuenta de su escapada ni de las prisas o la vergüenza que sentía Ella en ese momento.
 Tan solo con las bragas puestas salió al pasillo del sórdido motel. Se vistió de camino a las viejas escaleras mientras  sensaciones de la noche anterior le asaltaban, sintió calor, recordaba las lenguas recorriendo su cuerpo, las manos tocando zonas que ni siquiera M o cualquier otro habían llegado a tocar, la  cabeza de mujer entre sus piernas...ella sacudió la cabeza, una para deshacerse de esas imágenes y dos para despejarse y que el dolor de cabeza se le pasase.
Por fin salió a la calle y el sol del medio día la deslumbró, identificaba la zona  así que comenzó a caminar por la calle al tiempo que se encendía un cigarrillo y pensaba como lo iba a arreglar esta vez, M le había dicho que era de las últimas oportunidades que le daba...pero M no tenía porqué enterarse de toda la historia...al fin y al cabo Ella lo quería y M la conocía y sabía que eso sólo le pasaba cuando se pasaba demasiado bebiendo, de echo la culpa era en parte de él por habérselo permitido, ¿Cómo se le había ocurrido pedir vino en la cena?...decidió no darle vueltas a eso y mandarle un mensaje en cuanto llegara a casa, le diría a M que después de la discusión se había puesto de bajón y se fue para casa.
Sí, sabía que las cosas se podían arreglar y que por encima de todo M era la única persona que la quería tal como era...o por lo menos eso esperaba. Y mientras la gente pasaba a su alrededor sin ni siquiera imaginar el tipo de persona que podía ser, Ella se lo prometió una vez más, esa era la última vez que bebía hasta perder los papeles.
 Lo haría por M.

sábado, 23 de noviembre de 2013

Conversación.

Todo lo que quería era que me  miraras una última vez, como si estuviera sólo yo en la sala, como hacías antes de que sucediera todo, pero eso era pedirte demasiado.
No entendí nada en ese momento y seguía sin entenderlo cuando te diste la vuelta para irte, no pude pensar la niebla cayó sobre mi.
Sólo recuerdo un zumbido atronador en mis oídos y como algo se desgarró en mi cerebro, tus ojos de desdén golpeaban mi sesera sin piedad.
Me pasó por la cabeza cuando te conocí, volví a sentir como se cruzaron nuestras miradas por primera vez, la corriente eléctrica que me fulminó y me dejó pensando que ya nada más me hacía falta...tú me dijiste que sentiste lo mismo, obviamente mentías.
Recordé nuestro primer beso, la primera caricia, la primera vez que hicimos el amor bajo las estrellas, eso todo lo olvidaste por otra persona.
Todo eso es lo que me pasó por la cabeza en ese microsegundo...o a mí es el tiempo que me parece que pasó y ahora estamos aquí...sentados uno en frente del otro.
Paseo los ojos por la habitación de nuestro piso, el que nos costó tanto encontrar...¿Recuerdas el antro que era? ¿Cómo poco a poco lo fuimos poniendo a nuestro gusto? Con esa mirada hueca me lo dices todo, no lo recuerdas, eres demasiado egoísta como para recordar nada que no te convenga a ti...pero las cosas no son así, no, pensabas que podías venir, decirme que te ibas con ella y quedarte tan ancho, otra vez más sin importarte lo que yo sienta, pero esta vez no te dejaré irte.
Te toco y estás frío, como el corazón que encierra tu pecho, no digas nada porque no tienes nada que decir, me das asco...y creo que realmente te has llevado lo que merecías.
No la culpo a ella, más bien la compadezco, se que en principio me odiará pero al pasar el tiempo y al darse cuenta de lo cabrón que eres me vendrá a visitar y a agradecerme lo que he hecho.
Así que si me lo preguntas...sí, actué por un arrebato pero no me arrepiento para nada de lo que he hecho, sé que no atormentarás mi conciencia y cargaré con el castigo que me quieran poner pero jamás bajaré la cabeza ni pediré perdón porque, amigo, cuando haces daño a alguien que te quiere lo mínimo es pagar con tu sangre.