lunes, 27 de enero de 2014

Cambio.

Me siento triste, no quiero seguir.
Estoy harta de la falsedad que me rodea, de los estereotipos, de el clasicismo.
Cansada de que todo cambien a mi alrededor.
Noto que no evoluciono, que a cada paso el suelo se tambalea bajo mis pies y alguien cae a mi lado, sin que yo pueda evitarlo.
¿Por qué todo cambia cuándo yo no lo hago?
¿Por qué te sonríe con condescendencia al que hace poco ayudabas para que no estuviese en esta situación?
Los odio.
Odio cada palabra que sale de sus bocas.
Odio cada mirada despectiva a su alrededor creyéndose mejores que el resto.
Odio la falsedad en sus sonrisas.
Esas sonrisas que parecen sinceras y vivas pero que se ven eclipsadas pro la muerte que hay en sus ojos.
Son ojos muertos, ojos no humanos...ojos que antes estaban vivos pero que ahora solo son parte de la vaina que envuelve la realidad.
Antes todo era más sencillo, podías mirar a alguien a la cara y sentirte comprendida, sentir que estabas hablando con alguien igual que tu..pero ahora...ahora hay que ocultar todo signo de debilidad.
Ayer se llevaron a mi amiga.
Hoy la vi.
Pero ya no era ella.
La ropa: impecable.
El pelo: totalmente perfecto.
La sonrisa: blanca y brillante.
Los ojos: muertos.
Estaba del otro lado. Supe que la había perdido y huí antes de cruzarme con ella.
Tenía miedo a fallar, a demostrar cualquier tipo de sentimiento y que me descubriera.
Sabía que cualquier signo de debilidad haría que cayeran sobre mí como buitres hambrientos y que me arrastrarían al silo que había construido a las afueras del pueblo.
Por eso me alejé.
Se que estoy casi sola...los que son como yo todavía no se atreven a presentarse.
Todos somos muy sigilosos, cuidadosos y desconfiados.
Nunca sabes quien te puede traicionar y al fin y al cabo esto es una forma de defensa para preservar la poca humanidad que aún me puede quedar dentro.


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