Sus demonios la acorralaban en una esquina del cuarto.
Con fuerza cerró los ojos y se tapó los oídos pero aún así ellos la rodeaban, inyectados sus ojos en sangre y el sonido de sus dientes chirriando le crispaban los nervios y le arañaban la piel.
Si..notaba las uñas rasgándola poco a poco, abriendo viejas heridas cicatrizadas, el aliento húmedo y dulzón que desprendían de sus bocas con sonrisas crueles la penetraban por todos los poros.
Se agarró con fuerza las rodillas y escondió un poco más la cabeza entre las piernas.
No quería pensar, sólo quería que llegara el amanecer. Sabía que si veía salir el sol ese último día lo habría logrado...pero para eso faltaba una eternidad.
Por momentos tenía suerte, se quedaba dormida, pero el dolor en el trasero y el cuerpo entumecido de mantener la misma postura la despertaba a cada poco de su sopor, devolviéndola a la realidad y haciendo que las heridas internas latieran con rabia y que aquellos cretinos cerraran más el cerco para atormentarla e insultarla.
El reloj se movía demasiado lento y el sonido del tic tac le destrozaba los tímpanos y los nervios.
Una vez más se durmió pero cuatro fuertes golpes en la puerta principal la despertaron.
Todos los demonios que la acompañaban en la habitación se giraron a la vez, descentrando su atención de su maltrecho cuerpo. Por un momento dejaron de atormentarla. Estaban asustados, se les notaba.
Otros cuatro golpes resonaron en el cuarto, atronadores, la aturdieron un poco más rebotando en sus sesos agotados por la tensión.
Los demonios huyeron despavoridos golpeándola en su escapatoria, haciendo que su cuerpo convulsionase mientras se colaban por las heridas que poco antes había abierto en su carne, para, cobardes ellos, ocultarse en su interior sacándole las pocas fuerzas que le quedaban para luchar con su destino. Ya calentitos entre sus tripas susurraban asustados..."No le dejes pasar...no le dejes pasar..." Pero ella decidida los mandó callar, sintió lástima por ellos, les encantaba torturarla pero sin ella no eran nadie, les hacía falta para vivir...
Finalmente la puerta, con un chirrido irritante y lento se abrió.
Levantó la cabeza.A través de los mechones que le caían delante de los ojos pudo ver la claridad.
No era una claridad natural, sólo era una pobre imitación de la luz del día para conseguir que ella se confiara. Pero esta vez estaba decidida a no ceder. Ya había caído otras veces en la misma trampa, siempre cuando estaba a punto de conseguir derrotarle el monstruo llegaba para ponerla en su lugar y comerse un poco más de su alma.
Hizo palanca con la espalda contra la pared y lentamente comenzó a levantarse...el cuerpo le pesaba, le dolían las articulaciones y las heridas abiertas dejaban escapar la sangre con profusión. Se las habían hecho los cobardes que ahora se escondían en su interior, para mantenerla cuerda, decían, para que no perdiera del todo la cabeza...mentiras...sólo eran más mentiras para que estuviese débil y que no pudiese luchar, pero esta vez no iba a ser así, esta vez tenía toda la fuerza de voluntad de su lado.
Estaba dispuesta a encararse, a enfrentarse a aquel monstruo que la había perseguido durante quince años para acabar con ella.
En la claridad de la puerta se recortó una sombra. Una figura totalmente definida. No había duda de que era él.
Tragó saliva y separó las piernas, fijando un buen apoyo para resistir el primer ataqué.
No respiraba siquiera. En la habitación sólo se escuchaba el latir viscoso de aquella cosa, como un puré muy espeso de verduras hirviendo en la olla. Era algo asqueroso.
El monstruo avanzó, grande y pesado...llenando la habitación con su olor a alcantarilla.
Le vino una arcada que la dobló y cayó de rodillas al suelo. Vomitó sobre la alfombra de aquella sórdida habitación de hotel, pero no le importó, esto habría acabado antes de que llegara el servicio de habitaciones, ella ya se habría ido y el marrón se lo comería otro.
El monstruo se detuvo.Dándole la última oportunidad de sobreponerse, en el fondo deseaba que ella le derrotara aquella vez, pero él también tenía algo de amor propio y le era muy difícil dejar a sus presas vivas. Despacio ella levantó la cabeza y se miraron a los ojos.
Él quieto...ella derrotada...pero comenzó de nuevo a erguirse y que era la última vez que lo intentaba.
Aquella sería la definitiva, la que le dara la victoria o la muerte, la que al fin la liberaría.
El amanecer llegó al fin...pero no fue hasta media mañana cuando llegó la policía.
En la habitación solamente estaba el cadáver escuálido de aquella mujer.
Parecía que llevaba allí encerrada varios días por los restos de comida y de colillas que había por todo el cuarto.

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