La luz en el cielo era extraña...sesgada...no sabría explicarlo. Los matices se mezclaban entre los tonos amarillos y violáceos.
Allí sentados, dentro del coche parecía que nada ni nadie podía hacernos nada malo.
Era la cuarta vez que quedábamos, estaba muy nerviosa...no sabía si dar el siguiente paso o esperar a que él lo diese, se hacía bastante complicado.
Fue cuando me decidí a acercarme, cerré los ojos y me lancé pero antes de alcanzar mi objetivo un silbido estremecedor me heló la sangre en las venas.
Los cristales del vehículo se rompieron en diez mil pedazos golpeándonos la piel con las esquirlas, noté como me la rasgaban y me cubrí instintivamente la cabeza.
El suelo temblaba de forma descontrolada, parecía un terremoto...grité, pero no escuché mis propios gritos por el ruido que había a mi alrededor.
De repente silencio.
Era un silencio denso, pesado, que casi se podía masticar.
Abrí los ojos y le miré.
Un trozo de cristal había saltado del parabrisas y se había clavado en medio de su frente.
La sangre brotaba espesa, rebalándole por la cara y goteando desde su barbilla hasta su pecho.
Estaba muerto.
No se por qué actué así.
Salí del coche y corrí por el bosque buscando ayuda, resbalé varias veces por el terraplén hasta salir a la carretera principal.
Fue entonces cuando vi el comienzo del cambio por primera vez.
Cuando corrí hacia la gasolinera buscando un teléfono para llamar a emergencias. En ese instante, cuando crucé la carretera lo noté, fue como atravesar un trozo de gelatina con todo el cuerpo, el siguiente paso me costó darlo...de echo cuando apoyé el pie en el suelo trastrabillé y caí hacia atrás, pero algo frenó mi caída.
Mi cuerpo quedó suspendido en el aire, apoyado contra algo totalmente invisible.
Me giré rápidamente y comencé a palpar el vacío con las manos...con una pequeña característica, no había vacío...aunque yo no pudiese verlo algo me frenaba.
Un muro invisible me impedía cruzar más allá de los lindes de la carretera.
Di unos paso atrás y otra vez vi los matices amarillentos y violáceos atravesar el aire...Estaba atrapada y no sabía que era lo que me frenaba.
Sin saber que hacer me di la vuelta y corrí hacia la luz de la tienda de la gasolinera.
Un chico me miró desde atrás del mostrador con la cara desencajada.
-¿Qué te ha pasado? ¿Estás bien?
No sabía que contestarle, lo escuchaba amortiguado...como si me hablara desde detrás de un cojín.
Salió de detrás del mostrador y me agarró por el codo.
-Estás llena de sangre...acompáñame al baño para que pueda limpiarte...¿Me entiendes? ¿Estás herida?
Lo miré a los ojos, en ellos pude ver amabilidad y algo de preocupación. Parecía buena persona y me dejé llevar. Quería explicarle todo pero las palabras no salían de mi boca, el cuerpo me temblaba...no sabía por donde comenzar.
Con cuidado me condujo al baño y con unas toallitas de papel empapadas comenzó a limpiarme la cara.
-Voy a ira al almacén a por el botiquín, siéntate aquí y continua limpiándote, vengo ahora. ¿De acuerdo?
Asentí con la cabeza y el sonrió de forma tranquilizadora mientras se iba.
Me quedé sola en el baño.
Seguí limpiándome la sangre y comencé a ordenar mis ideas, no sabía si estaba alucinando o si todo aquello había pasado realmente.
Entonces un ruido sordo interrumpió mis elucubraciones.
Con cuidado entreabrí la puerta del baño y me asomé...justo a tiempo...vi como desde atrás del mostrador algo tiraba del cuerpo tumbado del chaval que acababa de atenderme...vi como sus pies desaparecía por detrás de la barra.
La adrenalina se activó en mis venas...el corazón me bombeaba a plena potencia...sabía que tenía que huir, pero no sabía de lo que.
Cerré con cuidado la puerta y miré a mi alrededor, por suerte el baño de la gasolinera tenía una ventana, así que subiéndome al inodoro me aupé y salí por ella.
En cuanto toque el suelo no lo pensé dos veces y comencé a correr todo lo que mis piernas daban hacia el pueblo.
No sabía que demonios estaba pasando pero iría a la policía y ellos lo averiguarían, eso era lo correcto y eso era lo que iba a hacer.
miércoles, 29 de enero de 2014
lunes, 27 de enero de 2014
Cambio.
Me siento triste, no quiero seguir.
Estoy harta de la falsedad que me rodea, de los estereotipos, de el clasicismo.
Cansada de que todo cambien a mi alrededor.
Noto que no evoluciono, que a cada paso el suelo se tambalea bajo mis pies y alguien cae a mi lado, sin que yo pueda evitarlo.
¿Por qué todo cambia cuándo yo no lo hago?
¿Por qué te sonríe con condescendencia al que hace poco ayudabas para que no estuviese en esta situación?
Los odio.
Odio cada palabra que sale de sus bocas.
Odio cada mirada despectiva a su alrededor creyéndose mejores que el resto.
Odio la falsedad en sus sonrisas.
Esas sonrisas que parecen sinceras y vivas pero que se ven eclipsadas pro la muerte que hay en sus ojos.
Son ojos muertos, ojos no humanos...ojos que antes estaban vivos pero que ahora solo son parte de la vaina que envuelve la realidad.
Antes todo era más sencillo, podías mirar a alguien a la cara y sentirte comprendida, sentir que estabas hablando con alguien igual que tu..pero ahora...ahora hay que ocultar todo signo de debilidad.
Ayer se llevaron a mi amiga.
Hoy la vi.
Pero ya no era ella.
La ropa: impecable.
El pelo: totalmente perfecto.
La sonrisa: blanca y brillante.
Los ojos: muertos.
Estaba del otro lado. Supe que la había perdido y huí antes de cruzarme con ella.
Tenía miedo a fallar, a demostrar cualquier tipo de sentimiento y que me descubriera.
Sabía que cualquier signo de debilidad haría que cayeran sobre mí como buitres hambrientos y que me arrastrarían al silo que había construido a las afueras del pueblo.
Por eso me alejé.
Se que estoy casi sola...los que son como yo todavía no se atreven a presentarse.
Todos somos muy sigilosos, cuidadosos y desconfiados.
Nunca sabes quien te puede traicionar y al fin y al cabo esto es una forma de defensa para preservar la poca humanidad que aún me puede quedar dentro.
Estoy harta de la falsedad que me rodea, de los estereotipos, de el clasicismo.
Cansada de que todo cambien a mi alrededor.
Noto que no evoluciono, que a cada paso el suelo se tambalea bajo mis pies y alguien cae a mi lado, sin que yo pueda evitarlo.
¿Por qué todo cambia cuándo yo no lo hago?
¿Por qué te sonríe con condescendencia al que hace poco ayudabas para que no estuviese en esta situación?
Los odio.
Odio cada palabra que sale de sus bocas.
Odio cada mirada despectiva a su alrededor creyéndose mejores que el resto.
Odio la falsedad en sus sonrisas.
Esas sonrisas que parecen sinceras y vivas pero que se ven eclipsadas pro la muerte que hay en sus ojos.
Son ojos muertos, ojos no humanos...ojos que antes estaban vivos pero que ahora solo son parte de la vaina que envuelve la realidad.
Antes todo era más sencillo, podías mirar a alguien a la cara y sentirte comprendida, sentir que estabas hablando con alguien igual que tu..pero ahora...ahora hay que ocultar todo signo de debilidad.
Ayer se llevaron a mi amiga.
Hoy la vi.
Pero ya no era ella.
La ropa: impecable.
El pelo: totalmente perfecto.
La sonrisa: blanca y brillante.
Los ojos: muertos.
Estaba del otro lado. Supe que la había perdido y huí antes de cruzarme con ella.
Tenía miedo a fallar, a demostrar cualquier tipo de sentimiento y que me descubriera.
Sabía que cualquier signo de debilidad haría que cayeran sobre mí como buitres hambrientos y que me arrastrarían al silo que había construido a las afueras del pueblo.
Por eso me alejé.
Se que estoy casi sola...los que son como yo todavía no se atreven a presentarse.
Todos somos muy sigilosos, cuidadosos y desconfiados.
Nunca sabes quien te puede traicionar y al fin y al cabo esto es una forma de defensa para preservar la poca humanidad que aún me puede quedar dentro.
martes, 14 de enero de 2014
Besos
¿Qué cómo son tus besos?
Tus besos son dulces cuando te despiertas, mientras me los das ronroneas y me encanta que esos besos acompañen a tu primera sonrisa del día...y aún más que me la dediques a mi.
Tus besos son picantes por el whastapp. Saben a promesas de pasión y a risas disimuladas para que la gente no piense que estoy loca mientras camino por la calle embobada con el teléfono móvil.
Tus besos son tremendamente inocentes cuando me los das mientras paseamos de la mano y me miras de esa forma que me hace sentir que no hay nadie más.
Tus besos son adolescentes siempre que hay gente a nuestro alrededor, me los robas y te escapas con una sonrisa picarona, como si hubieses cometido una travesura y te cazaran en la falta.
Tus besos son melosos, apasionados y seductores, con la profundidad de la excitación que te produce que te susurre guarradas al oído, y acompañan a la electricidad de la excitación de tu cuerpo...esa electricidad que me das encendiendo mi sistema bajo las sábanas.
¿Qué cómo son tus besos me preguntas?
Tus besos son cada día diferentes, a cada momento cambiantes pero, desde que los he encontrado, son totalmente imprescindibles para mí.
Monstruos.
Se sentía pequeña, sola y frágil.
Sus demonios la acorralaban en una esquina del cuarto.
Con fuerza cerró los ojos y se tapó los oídos pero aún así ellos la rodeaban, inyectados sus ojos en sangre y el sonido de sus dientes chirriando le crispaban los nervios y le arañaban la piel.
Si..notaba las uñas rasgándola poco a poco, abriendo viejas heridas cicatrizadas, el aliento húmedo y dulzón que desprendían de sus bocas con sonrisas crueles la penetraban por todos los poros.
Se agarró con fuerza las rodillas y escondió un poco más la cabeza entre las piernas.
No quería pensar, sólo quería que llegara el amanecer. Sabía que si veía salir el sol ese último día lo habría logrado...pero para eso faltaba una eternidad.
Por momentos tenía suerte, se quedaba dormida, pero el dolor en el trasero y el cuerpo entumecido de mantener la misma postura la despertaba a cada poco de su sopor, devolviéndola a la realidad y haciendo que las heridas internas latieran con rabia y que aquellos cretinos cerraran más el cerco para atormentarla e insultarla.
El reloj se movía demasiado lento y el sonido del tic tac le destrozaba los tímpanos y los nervios.
Una vez más se durmió pero cuatro fuertes golpes en la puerta principal la despertaron.
Todos los demonios que la acompañaban en la habitación se giraron a la vez, descentrando su atención de su maltrecho cuerpo. Por un momento dejaron de atormentarla. Estaban asustados, se les notaba.
Otros cuatro golpes resonaron en el cuarto, atronadores, la aturdieron un poco más rebotando en sus sesos agotados por la tensión.
Los demonios huyeron despavoridos golpeándola en su escapatoria, haciendo que su cuerpo convulsionase mientras se colaban por las heridas que poco antes había abierto en su carne, para, cobardes ellos, ocultarse en su interior sacándole las pocas fuerzas que le quedaban para luchar con su destino. Ya calentitos entre sus tripas susurraban asustados..."No le dejes pasar...no le dejes pasar..." Pero ella decidida los mandó callar, sintió lástima por ellos, les encantaba torturarla pero sin ella no eran nadie, les hacía falta para vivir...
Finalmente la puerta, con un chirrido irritante y lento se abrió.
Levantó la cabeza.A través de los mechones que le caían delante de los ojos pudo ver la claridad.
No era una claridad natural, sólo era una pobre imitación de la luz del día para conseguir que ella se confiara. Pero esta vez estaba decidida a no ceder. Ya había caído otras veces en la misma trampa, siempre cuando estaba a punto de conseguir derrotarle el monstruo llegaba para ponerla en su lugar y comerse un poco más de su alma.
Hizo palanca con la espalda contra la pared y lentamente comenzó a levantarse...el cuerpo le pesaba, le dolían las articulaciones y las heridas abiertas dejaban escapar la sangre con profusión. Se las habían hecho los cobardes que ahora se escondían en su interior, para mantenerla cuerda, decían, para que no perdiera del todo la cabeza...mentiras...sólo eran más mentiras para que estuviese débil y que no pudiese luchar, pero esta vez no iba a ser así, esta vez tenía toda la fuerza de voluntad de su lado.
Estaba dispuesta a encararse, a enfrentarse a aquel monstruo que la había perseguido durante quince años para acabar con ella.
En la claridad de la puerta se recortó una sombra. Una figura totalmente definida. No había duda de que era él.
Tragó saliva y separó las piernas, fijando un buen apoyo para resistir el primer ataqué.
No respiraba siquiera. En la habitación sólo se escuchaba el latir viscoso de aquella cosa, como un puré muy espeso de verduras hirviendo en la olla. Era algo asqueroso.
El monstruo avanzó, grande y pesado...llenando la habitación con su olor a alcantarilla.
Le vino una arcada que la dobló y cayó de rodillas al suelo. Vomitó sobre la alfombra de aquella sórdida habitación de hotel, pero no le importó, esto habría acabado antes de que llegara el servicio de habitaciones, ella ya se habría ido y el marrón se lo comería otro.
El monstruo se detuvo.Dándole la última oportunidad de sobreponerse, en el fondo deseaba que ella le derrotara aquella vez, pero él también tenía algo de amor propio y le era muy difícil dejar a sus presas vivas. Despacio ella levantó la cabeza y se miraron a los ojos.
Él quieto...ella derrotada...pero comenzó de nuevo a erguirse y que era la última vez que lo intentaba.
Aquella sería la definitiva, la que le dara la victoria o la muerte, la que al fin la liberaría.
El amanecer llegó al fin...pero no fue hasta media mañana cuando llegó la policía.
En la habitación solamente estaba el cadáver escuálido de aquella mujer.
Parecía que llevaba allí encerrada varios días por los restos de comida y de colillas que había por todo el cuarto.
El olor era nauseabundo, era un caso claro, un intento por libre de desintoxicación, a menudo los yonquis de la zona alquilaban una habitación y se encerraban por varios día para librarse del mono...por desgracia casi siempre cuando estaban a punto de conseguirlo no aguantaban más y llamaban al camello inyectándose una dosis letal y perdiéndo la batalla. Unas últimas horas teñidas de valentía, pero que acababan en fracaso y que se archivaban como algo insignificante y rutinario en un expediente policial necesario para el levantamiento del cadáver.
Sus demonios la acorralaban en una esquina del cuarto.
Con fuerza cerró los ojos y se tapó los oídos pero aún así ellos la rodeaban, inyectados sus ojos en sangre y el sonido de sus dientes chirriando le crispaban los nervios y le arañaban la piel.
Si..notaba las uñas rasgándola poco a poco, abriendo viejas heridas cicatrizadas, el aliento húmedo y dulzón que desprendían de sus bocas con sonrisas crueles la penetraban por todos los poros.
Se agarró con fuerza las rodillas y escondió un poco más la cabeza entre las piernas.
No quería pensar, sólo quería que llegara el amanecer. Sabía que si veía salir el sol ese último día lo habría logrado...pero para eso faltaba una eternidad.
Por momentos tenía suerte, se quedaba dormida, pero el dolor en el trasero y el cuerpo entumecido de mantener la misma postura la despertaba a cada poco de su sopor, devolviéndola a la realidad y haciendo que las heridas internas latieran con rabia y que aquellos cretinos cerraran más el cerco para atormentarla e insultarla.
El reloj se movía demasiado lento y el sonido del tic tac le destrozaba los tímpanos y los nervios.
Una vez más se durmió pero cuatro fuertes golpes en la puerta principal la despertaron.
Todos los demonios que la acompañaban en la habitación se giraron a la vez, descentrando su atención de su maltrecho cuerpo. Por un momento dejaron de atormentarla. Estaban asustados, se les notaba.
Otros cuatro golpes resonaron en el cuarto, atronadores, la aturdieron un poco más rebotando en sus sesos agotados por la tensión.
Los demonios huyeron despavoridos golpeándola en su escapatoria, haciendo que su cuerpo convulsionase mientras se colaban por las heridas que poco antes había abierto en su carne, para, cobardes ellos, ocultarse en su interior sacándole las pocas fuerzas que le quedaban para luchar con su destino. Ya calentitos entre sus tripas susurraban asustados..."No le dejes pasar...no le dejes pasar..." Pero ella decidida los mandó callar, sintió lástima por ellos, les encantaba torturarla pero sin ella no eran nadie, les hacía falta para vivir...
Finalmente la puerta, con un chirrido irritante y lento se abrió.
Levantó la cabeza.A través de los mechones que le caían delante de los ojos pudo ver la claridad.
No era una claridad natural, sólo era una pobre imitación de la luz del día para conseguir que ella se confiara. Pero esta vez estaba decidida a no ceder. Ya había caído otras veces en la misma trampa, siempre cuando estaba a punto de conseguir derrotarle el monstruo llegaba para ponerla en su lugar y comerse un poco más de su alma.
Hizo palanca con la espalda contra la pared y lentamente comenzó a levantarse...el cuerpo le pesaba, le dolían las articulaciones y las heridas abiertas dejaban escapar la sangre con profusión. Se las habían hecho los cobardes que ahora se escondían en su interior, para mantenerla cuerda, decían, para que no perdiera del todo la cabeza...mentiras...sólo eran más mentiras para que estuviese débil y que no pudiese luchar, pero esta vez no iba a ser así, esta vez tenía toda la fuerza de voluntad de su lado.
Estaba dispuesta a encararse, a enfrentarse a aquel monstruo que la había perseguido durante quince años para acabar con ella.
En la claridad de la puerta se recortó una sombra. Una figura totalmente definida. No había duda de que era él.
Tragó saliva y separó las piernas, fijando un buen apoyo para resistir el primer ataqué.
No respiraba siquiera. En la habitación sólo se escuchaba el latir viscoso de aquella cosa, como un puré muy espeso de verduras hirviendo en la olla. Era algo asqueroso.
El monstruo avanzó, grande y pesado...llenando la habitación con su olor a alcantarilla.
Le vino una arcada que la dobló y cayó de rodillas al suelo. Vomitó sobre la alfombra de aquella sórdida habitación de hotel, pero no le importó, esto habría acabado antes de que llegara el servicio de habitaciones, ella ya se habría ido y el marrón se lo comería otro.
El monstruo se detuvo.Dándole la última oportunidad de sobreponerse, en el fondo deseaba que ella le derrotara aquella vez, pero él también tenía algo de amor propio y le era muy difícil dejar a sus presas vivas. Despacio ella levantó la cabeza y se miraron a los ojos.
Él quieto...ella derrotada...pero comenzó de nuevo a erguirse y que era la última vez que lo intentaba.
Aquella sería la definitiva, la que le dara la victoria o la muerte, la que al fin la liberaría.
El amanecer llegó al fin...pero no fue hasta media mañana cuando llegó la policía.
En la habitación solamente estaba el cadáver escuálido de aquella mujer.
Parecía que llevaba allí encerrada varios días por los restos de comida y de colillas que había por todo el cuarto.
viernes, 3 de enero de 2014
12 campanadas.
El minutero se acercaba a las 12.
Los dos se medían con la mirada.
Encima de la mesa los restos de la comida, una botella medio vacía de cava aún burbujeante y las venticuatro uvas, 12 para cada uno.
Comenzaron a sonar los cuartos.
Primera campanada.
Una uva en la boca. Cogiendo los boles se levantaron de la mesa
Segunda campanada.
Se acercaron a la plataforma que dominaba la sala, sosteniéndose la mirada.
Tercera campanada.
Resonó al mismo tiempo que apretaban los botones de encendido, de forma simultánea, el ruido de la electricidad acompañó a la cuarta campanada.
Quinta campanada y quinta uva.
La sala se llenó de una luz fluorescente azul, el vello de los brazos se les erizó y los dientes se le crisparon.
Sexta campanada.
El calor empezó a inundarlo todo, rápidamente activaron los botones que ponían en marcha los ventiladores para evitar que la máquina se sobrecalentara, estaban en el ecuador.
Séptima campanada.
Se acercaron el uno al otro, el agujero de gusano comenzó a perfilarse en la pared y se sobresaltaron con el resplandor.
Octava campanada...novena campanada..décima campanada...
Al fin estaba abierto, el miedo cerró sus estómagos y se retaron el uno al otro...sabían lo que ocurriría...sólo uno podía llevar a cabo aquel sueño.
Undécima campanada.
El agujero estaba totalmente abierto, el aire intentaba absorver sus cuerpos pero ninguno se movía, sólo se miraban en una despedida muda mientras delante de sus bocas entreabiertas esperaba la uva número doce.
Duodécima campanada.
El destino estaba decidido, uno de los boles voló por el aire y golpeó la cabeza del otro.
Fue algo rápido, uno corrió hacia el agujero de gusano y el otro cayó como un peso muerto en el suelo sin sentido.
Cuando recobró la consciencia no quedaba ya nada...el agujero se había cerrado, su compañero había desparecido y ya comenzaba el 3014..
Se levantó, la sangre corría por su sien y sólo deseó que su amigo encontrará el momento en el pasado en el que todo había comenzado a acabarse y que pudiera solucionarlo.
Así el propósito de año nuevo se habría cumplido...el propósito de darle una segunda oportunidad a la humanidad.
Los dos se medían con la mirada.
Encima de la mesa los restos de la comida, una botella medio vacía de cava aún burbujeante y las venticuatro uvas, 12 para cada uno.
Comenzaron a sonar los cuartos.
Primera campanada.
Una uva en la boca. Cogiendo los boles se levantaron de la mesa
Segunda campanada.
Se acercaron a la plataforma que dominaba la sala, sosteniéndose la mirada.
Tercera campanada.
Resonó al mismo tiempo que apretaban los botones de encendido, de forma simultánea, el ruido de la electricidad acompañó a la cuarta campanada.
Quinta campanada y quinta uva.
La sala se llenó de una luz fluorescente azul, el vello de los brazos se les erizó y los dientes se le crisparon.
Sexta campanada.
El calor empezó a inundarlo todo, rápidamente activaron los botones que ponían en marcha los ventiladores para evitar que la máquina se sobrecalentara, estaban en el ecuador.
Séptima campanada.
Se acercaron el uno al otro, el agujero de gusano comenzó a perfilarse en la pared y se sobresaltaron con el resplandor.
Octava campanada...novena campanada..décima campanada...
Al fin estaba abierto, el miedo cerró sus estómagos y se retaron el uno al otro...sabían lo que ocurriría...sólo uno podía llevar a cabo aquel sueño.
Undécima campanada.
El agujero estaba totalmente abierto, el aire intentaba absorver sus cuerpos pero ninguno se movía, sólo se miraban en una despedida muda mientras delante de sus bocas entreabiertas esperaba la uva número doce.
Duodécima campanada.
El destino estaba decidido, uno de los boles voló por el aire y golpeó la cabeza del otro.
Fue algo rápido, uno corrió hacia el agujero de gusano y el otro cayó como un peso muerto en el suelo sin sentido.
Cuando recobró la consciencia no quedaba ya nada...el agujero se había cerrado, su compañero había desparecido y ya comenzaba el 3014..
Se levantó, la sangre corría por su sien y sólo deseó que su amigo encontrará el momento en el pasado en el que todo había comenzado a acabarse y que pudiera solucionarlo.
Así el propósito de año nuevo se habría cumplido...el propósito de darle una segunda oportunidad a la humanidad.
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