jueves, 20 de febrero de 2014

Cambio IV

Me desperté con el zumbido.
Era incómodo, incluso doloroso.
La luz fría me cegaba y algo en el pecho me oprimía.
No sabía lo que estaba pasando a mi alrededor, sólo sentía miedo y soledad.
-Parece que aún no es una de ellos.
La voz rebotó en mi cerebro, la oía distorsionada...como si un altavoz estuviese pegado a mi tímpano.
-Está despertando.
-Dejadla respirar.
Varias manos me levantaron y me sentaron en una silla.
Estaba atada y una lámpara enfocaba directamente a mi cara sin dejarme ver los rostros de las sombras que se ocultaban detrás de ella.
-¿Qué ocurre? ¿Dónde estoy?
El silencio se impuso y comencé a temblar.
-Deberíamos matarla, no sabemos si es de ellos o no y ante la duda debemos protegernos.
-Por favor...-sollocé- soltadme, no sé de que habláis...no se quienes sois...yo sólo..
-Cállate puta, ya hablarás cuando te lo digamos.
Cada vez temblaba más, estaba asustada...no sabía lo que pasaba ni por qué estaba en esa situación. Un calor húmedo invadió mi entrepierna...
-Por dios..¿qué más necesitáis?¡Se está meando encima!
La lámpara se apagó...las chispas de colores revoloteaban ante mis ojos inundados de lágrimas, no podía ver nada...empecé a hiperventilar y cerré los ojos con fuerza.
Noté cómo me desataban y alguien me ayudó a levantarme de la silla.
-Tranquila...no te haremos daño, sólo debemos asegurarnos. Ellos están por todas partes.
-¿Pero de qué habláis?
Abrí los ojos muy despacio, ante mí había dos mujeres y tres hombres, me miraban con miedo y recelo.
-¿No sabes lo qué ha pasado?
Sacudí la cabeza negando, no sabía que ocurría, sólo que tenía mucho miedo.
-Todo comenzó hace unas horas, con el estallido. Nosotros estábamos fuera del pueblo, haciendo una barbacoa en el arenal del río y cuando volvimos nada era igual...
-¿Nada? ¿A que os referís?
-La gente, se comportaba de forma rara, parecen autómatas...cómo si siendo ellos ya no lo fueran. Al principio tampoco lo entendíamos mucho pero entonces sucedió...
Abrí los ojos como platos, se les veía asustados y yo también lo estaba, era cómo si un peligro indefinido pendiera de nuestras cabezas, pero era más bien una sensación.
-Cuando comenzamos a hacer preguntas fue cuando todo se desató, de repente las personas comenzaron a atacarnos y decidimos escondernos...pero una de nosotros...
Una de las mujeres rompió a llorar...
-¿Qué ocurrió?
-La atraparon y a las dos horas nos la cruzamos...pero ya no era ella, era sólo su cuerpo...ni siquiera reparó en nosotros...
No entendía nada...sólo sabía que había ocurrido algo...algo realmente malo...pero aquello parecía sacado de una película de serie B...era ridículo.
Me levanté de golpe y comencé a caminar hacia atrás, alejándome de aquellas personas.
-No debes salir, estarás más segura con nosotros...
-Alejaos de mí...no se quienes sois...me estáis asustando...estáis completamente chalados.
Y antes de que les diera tiempo a reaccionar me giré en redondo y salí corriendo de la sala.
Estaba en medio del bosque y aquello era apenas una cabaña abandonada de cazadores...corrí como si me persiguiese el diablo, los pantalones mojados me impedía ir más rápido y la humedad me rozaba las piernas de una forma muy molesta.
Entonces me di de bruces con alguien y los dos caímos al suelo...
Me erguí sobre los codos y lo que vi me heló la sangre en las venas.
Delante, en la misma postura en la que yo estaba, mirándome en la semioscuridad del amanecer estaba él, mi cita...el chico al que había dejado muerto hace unas horas dentro del coche...después de que sucediera el estallido.


miércoles, 5 de febrero de 2014

Cambio III



Tardé bastante en llegar al pueblo.
Atravesar el bosque no es una tarea sencilla, y menos en medio de la noche y con un ataque de pánico. Las calles estaban totalmente vacías, pero aquello en mi ciudad no era algo raro...
Irrumpí en la comisaría, pero en el mostrador no había ni un agente.
Me acerqué a la ventanilla y atisbe el interior.
Se veía la luz fría de un televisor encendido al final del pasillo, pero a parte de eso la oscuridad era densa y asfixiante.
De repente, de la nada una cara estaba pegada a mí.
Salté, dando un paso atrás y miré al agente:
-¿Puedo ayudarla en algo señorita?
Me quedé en blanco, conocía a aquel policía, pero había algo en el que no me cuadraba, que no era como siempre. No sabía exactamente de que se trataba.
-¿Señorita? ¿Se encuentra usted bien?
La voz era metálica, quería denotar preocupación, pero sonaba rascada, como los viejos vinilos que escuchaba mi madre.
No sabría decirlo...pero las alertas se despertaron dentro de mi cabeza y sonreí.
-No señor agente...disculpe...es que sólo quería hacer una comprobación.
Aquella cosa me sonrió desde detrás del mostrador.
-¿Y eso todo correcto?
Era obvio que su pregunta era estúpida, nada era correcto, que una mujer con las medias desgarradas, el pelo lleno de hierbajos y con sangre en la cara apareciera en mitad de la noche en la comisaría era de todo menos correcto...pero mantuve la compostura.
-Si, señor agente. Creo que me voy a ir. Gracias por su atención.
-De acuerdo ciudadana. Que mañana tenga un día productivo y una noche tranquila.
Di la vuelta sobre mi misma inmediatamente, y todo lo más tranquila que pude salí del edificio.
El corazón me bombeaba a mil por hora. En cuanto pisé la calle me senté en un banco y metí la cabeza entre las piernas...estaba hiperventilando.
Me sentía muy agobiada, no entendía nada de lo que estaba pasando.
Me incorporé y apoyé mi espalda en el respaldo. Eché la cabeza hacia atrás cerrando los ojos e intentando ordenar mis ideas...
Me zumbaban los oídos, las manos me temblaban...las únicas ideas que me venía a la cabeza estaban basadas en todas las películas de serie B que había visto a lo largo de mi vida...y eso no podía ser, esas cosas no pasaban en la realidad...
Sumergida en mis locas ideas estaba cuando de súbito y sin saber de donde noté como me agarraban por detrás...trate de gritar pero una mano me tapó la boca...traté de zafarme pero unos brazos duros como el hierro me rodeaban.
Una bolsa de tela cubrió mi cabeza y noté un golpe en la nuca.
Me quedé sin sentido.
Y hundida en las sombras de mi inconsciencia no pude luchar contra aquello que me llevaba en contra de mi voluntad.