sábado, 28 de diciembre de 2013

La pregunta.

Mientras te acercas sabes lo que quiero.
Lo noto en tu mirada.
Sé que has estado todo el día pensando en mí, se que mientras soportas el tedio tu mente está muy lejos del trabajo descansando en mi pecho.
Por la forma que me besas nada más llegar sé que mientras tomas el café de media mañana te imaginas metido entre mis muslos.
Lo sé por lo que me haces cada noche.
Me gusta que seas tan rudo, que me cojas por la nuca y metas tu lengua en mi boca marcando territorio, diciendo que soy sólo tuya, me hace sentir poderosa provocarte esa sensación.
Me gusta la urgencia con la que me desnudas, cómo me muerdes el hombro mientras me bajas las tiras del sujetador.
Sabes que me vuelve loca tu forma de lamerme los pezones, la tortura que me supone que vayas bajando por mi estómago de una forma tan lenta y que te detengas con tanta maldad en mi ombligo mientras me escuchas jadear desesperada pidiéndote más.
Yo espero también la llegada de la noche cada día, ese momento en el que te puedes escapar de tu rutina para meterte en el país particular que hemos montado dentro de las sábanas de mi cama.
Sé lo que te gusta.
Que te bese suavemente la barbilla y que me entretenga en tu oreja...noto como tu respiración se acelera.
Me gusta acariciarte muy suavemente el pecho mientras me hundo en tu pubis buscando tu placer que también es el mío.
Desde que nos conocemos ninguno de los dos pensamos con claridad hasta que estamos en los brazos del otro.
Nada más importa que tu piel pegada a mi piel, que tu calor en el mío.
Cuando estas dentro de mí el tiempo se detiene y todo el universo gira alrededor nuestra.
Me desespera tu forma de penetrarme, despacio, centímetro a centímetro.
Me sofoca como me agarras las muñecas para que no me mueva mientras me posees.
Me excita tus respiración y tus susurros en mi oído, las palabras sucias y las promesas de amor. Como pasas por todos los registros en cada uno de nuestros encuentros.
Nuestras respiraciones se aceleran al mismo tiempo, se acompasan y nos hacen uno.
Cuando te corres y balbuceas mi nombre yo suelto todos los lazos que atan a la conciencia y me dejo ir hacia la tormenta de placer que has creado para mí.
Sabes que no puedo vivir sin ti.
Sé que no puedes vivir sin mí.
Por eso no lo entiendo.
Así que ahora, mientras enciendo este cigarrillo y veo como te vistes...aún sabiendo que vas a volver mañana...¿me lo puedes explicar?
¿Qué es lo que te hace volver a tu casa dónde ella te espera?


martes, 24 de diciembre de 2013

Un tipo gris.

La lluvia restallaba en el exterior y la tormenta empeoraba en su virulencia.
Él se sentía protegido dentro de su cama, en su casa.
Ninguna pena arañaba su conciencia por lo que había hecho, cada uno tenía sus hobbies y el de asesino era uno como cualquier otro.
Después de meditarlo mucho se había decidido por aquel hombre que veía todos los días en la parada del bus que cogía siempre para ir al trabajo.
Era un hombre gris, nada en el destacaba ni hacía que fuese parte de la memoria de la gente que lo rodeaba.
Era un hombre como cualquier otro, con su traje gris, su maletín gris y su mirada gris...apagada por el hastío de tener que vivir otro día de condenaautoimpuesta.
Entonces lo sintió.
Al principio creyó que era cosa de la lluvia, pero cada vez el sonido se hacía más insistente.
Era una especia de rascado en la `puerta de entrada de su pequeño piso, algo muy suave, como si estuviesen tocando la madera con unos dedos cubiertos con fieltro.
En su mente se reprodujeron las imágenes de como le había arrancado las uñas una  a una..manchándose con sangre ya coagulada.
Sabía que el tipo no había sufrido porque en aquel momento ya estaba muerto.
Lo de arrancarle las uñas había sido un acto de sadismo sin sentido con el que había disfrutado un poco más de aquella experiencia.
Recordaba que mientras lo hacía se había empalmado.
En ese momento la puerta se entreabrió lentamente y él se despejo completamente debajo de las sábanas.
Su oído se aguzó.
Por el pasillo escuchó  el murmullo de algo arrastrándose de forma pesada y húmeda, como si  se tratara de una babosa enorme.
Y recordó como le había partido los huesos de las piernas para que cupiera bien en el agujero que había abierto previamente en el jardín que había delante de su piso, donde sus encantadores vecinos solían bajar a los perros para que corretearan y socializaran.
Fue cuando llegó junto al agujero con el cadáver cuando se dio cuenta de que había calculado mal el largo ...y con la pala se vio obligado a partirle los huesos de las piernas.
Cuando estaba en plena faena notó que el tipo gris lo estaba observando fijamente con su mirada muerta a través de los plásticos que lo envolvían.
En ese momento le dio algo de grima...así que sin muchos miramientos de una patada lo arrojó al interior del foso y pisando el fiambre lo acomodó en el fondo.
Un escalofrío de regocijo lo recorrió al rememorar los chasquidos que hacían los huesos del difunto mientras saltaba encima de él.
Luego lo cubrió con la tierra que había reservado al lado en un perfecto montoncito que dio lo justo.
Otra vez el sonido del fieltro lo sacó de sus románticas ensoñaciones, pero esta vez iba acompañado de un estertor un tanto desagradable, le recordaba bastante a aquella tarde cuando apretando le rompió la traquea al fulano y sus últimos suspiros fueron con el mismo estertor que ahora estaba escuchando. Hacía unas horas le habían resultado dulces y agradables, ahora la verdad lo estaban acojonando bastante.
La puerta de la habitación se abrió lentamente.
Debajo de las sábanas notaba el corazón latiéndole en las sienes, al mismo ritmo que aquello se arrastraba por encima de la moqueta.
Entonces notó el primer tirón en el edredón y como algo trepaba de forma pesada a la cama.
Primero el peso en los pies.
A continuación el peso en los muslos subiendo por la cadera.
El estertor se metía en sus oídos de forma atronadora, como el ruido del tren cuando estas pegado a las vías.
Y entonces se detuvo en su pecho.
El peso le impedía respirar.
 Lo agobiaba bastante, pero no se atrevía a apartar las sabanas para mirar.
Notó como aquello lo olisqueaba por encima del edredón y a cambio le regalaba el tufo a muerto...eso era lo único que no le gustaba de aquella experiencia...nunca se podría haber imaginado que un cuerpo recién difunto podía oler tan mal...
Notaba la humedad traspasando la ropa de cama y entonces se armó de valor y apartó las sábanas y cara a cara se topó con el tipo gris.
Se miraron a los ojos y el vio que realmente no estaba muerto...realmente no estaba allí siquiera...aquello era simplemente el reflejo de su conciencia...era algo que tampoco había podido calibrar que iba a acontecerle una vez que llevara a cabo su tan ansiada primera vez como asesino en serie.
Volvió a cubrirse con las sábanas y se acomodó al peso que lo aplastaba, sabía que no había forma de librarse de eso y que si quería hacerse una carrera en su campo preferido debería hacer mucho más sitio en su cama para los retales de remordimiento.
Al fin y al cabo cuando tienes un hobby siempre tienes que pagar un precio.


domingo, 15 de diciembre de 2013

Cicatrices.

Me besó...y en ese beso sentí cada una de las cicatrices cerradas en su corazón,.
Sentí las desesperación que sus labios me transmitían por ser amado, por ser correspondido y encontrar a alguien que le diera lo que le hacía falta.

La primera cicatriz era de color azul.
Sabía que era de aquella niña con el pelo rubio y los ojos claros, una niña inocente...pero que en esa inocencia escondía el despertar del primer amor.
Pude verla, su sonrisa sin mácula, el recuerdo de como le cogía de la mano y le susurraba palabras de amor puras.
Era esa cicatriz que deja la primera persona que hace que tu corazón tiemble, la que piensas que es con la que vas a pasar el resto de tu vida y que luego se va dejándote desengañado y solo.
Esa cicatriz le había dolido, pero aún tenía un sabor dulce y su recuerdo aún le hacía sonreír por aquella niña de pelo rubio y por la inocencia perdida.

La segunda cicatriz era violeta.
Pertenecía a aquella adolescente con el pelo negro, los vaqueros rotos y la camiseta raída de los Ramones.
Sus ojos verdes maquillados le había robado el corazón y algo más,,, con ella fue su primera vez.
Fue el primer cuerpo desnudo de mujer que sintió en sus brazos.
Ella sabía al primer cubalibre, al primer cigarrillo y a los primeros celos.
La herida había sido profunda y las discusiones  la abría siempre que él intentaba cerrarla. Hasta que la encontró una noche en un pub en los brazos de otro.
Entonces decidió cerrarla para siempre y dejar atrás su niñez.

La tercera cicatriz era verde.
Verde por los celos y la desconfianza que arrastraba...quizás la chica no se lo merecía, o él no se la merecía a ella, pero se volvió totalmente loco.
Duró hasta que ella no aguantó más, no aguantó el acoso, las continuas llamadas y las preguntas que la agobiaban.
Simplemente un día desapareció, sin explicaciones y sin reproches.
Salió de su vida para nunca más volver.

La cuarta cicatriz era amarilla.
Ella era la luz del sol.
Cansado de la lluvia se fue a trabajar un verano al sur para conseguir darle un poco de calor a sus huesos y alejarse de todos los recuerdos que cargaba en su pecho y le hacían sentirse mal.
Entonces la conoció, paseando por la playa como una auténtica sirena con la piel tostada y la sonrisa más alucinante del mundo.
No se entendían pero eso no impidió que se enamoraran de forma apasionada, con ella escuchó palabras de amor en otro idioma y promesas de eternidad.
Pensaba en irse con ella al acabar el verano, hablaban de sus planes tumbados por las noches en la playa con las manos entrelazadas después de hacer el amor bajo las estrellas y ansiaban comenzar a vivir las aventuras mas increibles alrededor del mundo, pero el verano se acabó y ella se acabó con él.
Recordaba aún lo que lloraron en el aeropuerto, como se juraron medio en castellano medio en polaco escribirse todas las semanas y llamarse en cuanto pudieran.
Como se verían una vez al mes en un destino intermedio, pero todo se quedó en eso...en promesas que con el pasar del tiempo se diluyeron en la nada y quedaron en cenizas.

La quinta cicatriz era roja.
La conoció en la biblioteca, mientras estudiaba para los exámenes finales de la facultad.
Se sentaba enfrente de él todos los días, con su pelo rojo recogido en un moño descuidado y sus gafas de pasta negras, cada noche al llegar a casa pensaba en ella así que, uno de ellos, se decidió a entablar conversación.
De esa conversación pasaron a los cafés, de los cafés pasarón a las discusiones típicas de dos universitarios que creen que van a comerse el mundo y a cambiarlo el día de mañana, de la filosofía, la literatura y la política pasaron a la cama.
Follaban como si no existiera el resto del mundo, ella despertaba todos sus sentidos y lo volvía un pervertido, nada más importaba cuando estaban piel contra piel.
Él estaba convencido que era la mujer con la que se casaría y decidido compró un anillo y se lo pidió, pero ella lo rechazó.
Dijo que en su país de origen le esperaba alguien, que ya estaba prometida y que él sólo había sido una aventura de Erasmus, y así se acabó.
 No la volvió a ver ver por la biblioteca y a golpe de polvos con otras chicas la fue olvidando, aunque nunca volvió a encontrar lo que había encontrado en aquella escocesa.

La sexta cicatriz era añil.
Fue una amiga de su madre.
Cuando volvió a casa con el diploma en la mano ya era todo un hombre y aquella mujer madura le puso el ojo encima.
Al principio era excitante, algo totalmente prohibido y el sabía que no podía pasar de ahí.
Pero aunque  se resistió al final se acabó enamorando.
Todo era sencillo porque sabía lo que había, pero un día ella cambió.
Desconfiaba de él, pensaba que era demasiado joven para ella y que podían hacer mucho daño a la gente de su alrededor...que no lo entenderían, que no quería perder la amistad de su madre por un chiquillo ni que su marido se enterara de la infidelidad y la dejara.
Así que zanjó el asunto, él le suplicó y la persiguió durante un tiempo, hasta que ella harta le amenazó con denunciarlo por acoso, así que se rindió y disimuló delante de su familia cada vez que la veía en público colgada del brazo de aquel otro hombre que no sabía como hacerla feliz.

Y entonces me conoció a mí.
Yo trabajaba de camarera y siempre lo veía sentado detrás de la barra.
Todos los día a la misma hora pidiendo lo mismo y pasando allí las horas muertas hasta que cerrábamos.
Un día comenzamos a hablar, era un hombre terriblemente atractivo, y de la charla pasó a esperarme cuando salía y acompañarme al coche para que no fuera sola.
Día tras día, confidencia tras confidencia hasta que me besó...y en ese beso sentí cada una de las cicatrices cerradas en su corazón y como se hacía el espacio para mañana acoger a la cicatriz que yo le dejaría.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Línea 12.

El frío en la parada de bus no es normal...vale que es diciembre...vale que está viniendo un inverno bastante atípico para estar en Galicia, demasiado seco y con unas temperaturas demasiado bajas,...pero es que el frío en esta parada no es normal....pateo en el suelo intentando que los pies me entren en calor.
Subo un poco más la música y "Only one" del John Butler invade mi cabeza, me cobijo en el abrigo pero no es suficiente...estoy dudando en sí ir a buscar un café para llevar a la cafetería de enfrente cuando el bus por fin aparece.
 Es la línea 12, a ver si doy llegado a tiempo al hospital sin que me tenga que cruzar con esa enfermera repelente, así podré estar un rato con mamá y después ir a la facultad...no tengo muchas ganas pero estoy deseando sacarme de en medio esas asignaturas que me quedan y poder conseguir un trabajo mejor que el que tengo a media jornada.
Saco el bonobus y sonrío al entrar, pero el conductor ni me mira, se le ve cansado, es obvio que está totalmente instalado en la monotonía y que nosotros sólo somos ganado para él, cosas sin interés para transportar y ganarse el pan.
Me siento un poco molesta, la verdad es que estoy cabreada, a las 7 de la mañana a nadie le apetece ser agradable, pero ser agradable no cuesta dinero...en fin...la gente da asco.
Me siento en el fondo del bus, en un asiento y miro por la ventanilla, con un crujido el vehículo arranca y se pone en marcha. 
Sigo enfrascada en la canción, me encanta, es un grupo que descubrí hace poco pero que realmente vale la pena... y de repente no se como me fijo...sentado enfrente mía, sonriéndome, con sus ojos clavados en mi hay un chico.
Lo he visto en otras ocasiones en el bus, y sí, me había fijado antes en él, pero que me sonría así me turba.
Veo que mueve los labios y me saco un auricular:
-Perdona, no te estaba escuchando-susurro.
-¿Cata?...¿Verdad?
Estoy alucinada.
-¿Cómo sabes como me llamo?
-Sencillo, lo pone en la chapa de tu mochila...
Me sonrojo perturbada...soy idiota, esa chapa me la regaló mi madre hace mucho...mucho antes de ponerse enferma y la puse en la mochila y me olvidé de ella.
Él chico sigue hablando:
-Me he fijado que siempre compartimos el bus, y que siempre te sientas en el mismo asiento...así que decidí sentarme aquí para conocerte.
-Verás...-farfullo-no sé que quieres, pero no es mi estilo hablar con desconocidos.
-Pero tú y yo no somos desconocidos...-Su sonrisa es realmente agradable, y sus labios son preciosos - Llevamos compartiendo el bus desde hace 1 año...así que somos con un viejo matrimonio, que están  acostumbrados a verse pero que ya nunca se dicen nada...¿Sabes lo que te digo?
Sonrío yo también, la ocurrencia es estúpida, pero me ha atrapado con toda esa palabrería.
-Y que sugieres...-me lanzo- ¿qué intentemos arreglar esto o que nos divorciemos?
-Mujer...no debes ser tan drástica...yo no quiero el divorcio, podrías desplumarme y yo prefiero reconquistarte.
Una risa nerviosa se me escapa, esto es lo más raro que me ha pasado nunca.
-Está bien...¿Cómo te llamas?
-¿Cómo te parece a ti?
-No sé, no soy muy buena ene esto...¿ Lucas?
Arruga los labios en un mohín:
-¿Te tengo cara de Lucas?
-Es un nombre que me gusta, yo tenía un gato que se llamaba Lucas.
Ahora el que se ríe es él:
-No jodas..¿.y que pasó con Lucas?
-Pues que se cayó por la ventana, se enredó en unos tendederos y...
-¿Hasta luego, Lucas?
Lo miro totalmente pasmada, pero no puedo evitar soltar una carcajada. Este tío es muy simpático.
El bus se está acercando ya al centro de la ciudad.
-Bueno Lucas,¿Cuál es tu parada?
-Primero me gustaría saber la tuya, eres estudiante universitaria...se nota en tu forma de mirar por la ventana, y estudias enfermería seguro.
Me pongo nerviosa...eso sí que no tiene forma de saberlo, él lo nota en mi mirada.
-En eso he hecho trampa...es que te he visto algunas veces con los apuntes en la mano...y como a veces te sentabas detrás mía le echaba un vistazo. Lo que me choca es que cojas tan temprano el bus y que en vez de en el campus te bajes en el hospital...¿Estas haciendo ya las prácticas?
-No...mi madre está ingresada.
-Vaya lo lamento...no quería ser inoportuno.
Un silencio incómodo se instala entre nosotros. Bajo la mirada tratando de encontrar un tema de conversación. se que esto es incómodo...
-¿Quieres que te cuente un chiste?
Levanto la vista y sus ojos verdes y risueños se clavan en los mios, tiene unos ojos realmente bonitos, son chispeantes y frescos, cómo masticar la  menta después de un trago de mojito.
-Si, claro, cuenta...
-Esto es un hombre que va al médico y le dice: "- Doctor, últimamente me siento más gordo y feo, ¿qué tengo? " y el médico mirándolo fijamente le contesta "- Mucha razón"
Comienzo a reirme a lo loco, el chiste es malo de cojones, pero me encantan los chistes malos, y este chico ha llamado mi atención.
El bus vuelve a parar y me doy cuenta de que estamos ya en el hospital. Me levanto y el me sigue con la mirada:
-¿Mañana cogerás el bus?-le pregunto...pero en el mismo momento me siento imbécil, me va a tomar por una desesperada.
-Como todos los días, Cata.-Me contesta rapidamente, sonriendo, tranquilizándome.
Me bajo y desde la acera lo miro.
El me sonríe, y antes de que las puertas hidráulicas se cierren sonrió y le grito:
-¡Hasta luego, Lucas!

martes, 10 de diciembre de 2013

Resaca VI.

Querido M:
Llegué a casa sin aliento.
 Las lágrimas pujaban por salir y me abrasaban los ojos.
Sólo sentía dolor...soledad...odio...¡Dios!...cuánto te odiaba...ni yo misma lo sabía en ese momento.
Te odiaba por mentiroso; pero más mentirosa era yo. Te odiaba por mezquino; pero yo había sido diez mil veces más cruel...te odiaba, y odiándote, me odiaba a mi misma.
¿Cómo habíamos llegado a ese punto?
 Ni yo misma lo sabía.
¿Dónde nos habíamos perdido el uno al otro?
Ya no recordaba ni que palabra envenenada  consiguió romper todas nuestras ilusiones.
Miré a mi alrededor, las fotos de nuestros buenos tiempos me sonreían desde la pared, desdeñosas, riéndose de mi dolor...del abismo que se abría en mi pecho.
Con furia ciega comencé a arrancarlas de las paredes y a estamparlas en el suelo...te odiaba...te odiaba como nunca había odiado a nadie, te odiaba porque te quería como nunca había querido a nadie antes y tú...tú me habías abandonado, me habías dejado a solas con mis demonios, te habías cansado de luchar conmigo.
Pisé los cristales rotos, los noté a través de la suela de mis botas...me deshacía a cada paso y entonces me descalcé y comencé a saltar sobre ellos.
El dolor me atravesó desde las plantas de los pies hasta la cabeza, y me alivió...alivió el dolor de mi corazón. Por un momento reaccioné, volví a ser yo y miré hacia el suelo...los cristales rotos se mezclaban con la sangre que manaba descontrolada de mis pies, me mareé y corrí hacia el baño.
Vomité todo, vomité el café, el donuts, el dolor, nuestras noches de susurros, las infinitas peleas por mi poco control con el alcohol, mis reproches por los celos que me provocaban tus amigas, tus insultos por mis deslices, vomité hasta que agotada caí a un lado del váter y por un momento perdí la consciencia.
Cuando desperté tenía frío, no notaba nada, estaba completamente vacía.
Me dolía los pies, seguía sangrando pero menos. De echo ni me importaba...me daba igual.Nada tenía transcendencia en ese momento.
De rodillas me dirigí a la cocina y me aferré a una botella de ginebra, no sé cuánto tiempo estuve así, las horas pasaban lentas, demasiado lentas y fue anocheciendo. El alcohol me calentaba.
Cuando levanté la vista allí estabas tú.
Mirándome desde el dintel de la puerta, con la cara totalmente desencajada por el espanto.
No te había oído entrar.
Un odio ciego me invadió.
Eras un traidor, un cobarde...¿Y tenías la desfachatez de entrar en nuestra casa?¿Pero quién coño te creías que eras?
Como pude me apoyé en el mueble de la cocina y me fui incorporando, los pies me latían de forma descontrolada, y el dolor era terrible, pero me dolía mas tenerte allí, no podía pensar. La cabeza me zumbaba y estaba bastante ebria, lo único que sentía era eso...dolor...dolor y odio...no quería verte, ni quería escucharte.
Cuando te acercaste a mi la bofetada resonó antes de que pudiese pensarlo, te la dí con todas mis fuerzas, pero tú, en vez de alejarte me agarraste con más fuerza.
Sí, me asusté, pero quién no lo haría, la situación se me escapaba totalmente de las manos, era algo superior a mí, era algo horrible, otra discusión más.
-Esta es la última-me dije-  no tiene sentido continuar.
E intenté huir de ti, pero no podías dejarme ir, tú siempre querías tener la última puta palabra y por eso, al verte ignorado, al sentirte frustrado me empujaste.
Me golpeé en el abdomen contra la encimera del fregadero y el dolor acabó de cegarme.
No recuerdo el momento exacto, pero recuerdo que cuando volví en mí mis manos tapaban la herida de tu pecho, la sangre salía a borbotones, espesa y oscura, cubriéndolo todo. Empapándome los dedos, las palmas, la empuñadura del jersey, era una sensación muy desagradable...
Olía mal, como a hierro mezclado con almizcle, era un olor demasiado dulce y tus ojos me miraban pasmados.
Comencé a llorar, y mis lágrimas acompañaban a la luz que se iba apagando poco a poco de tus pupilas.
Me incliné sobre ti y te besé, justo a tiempo para recoger tu último aliento de vida.
Estabas muerto...pero aún caliente, así que me tumbé a tu lado y agarrándome a tu cuerpo lloré todo lo que podía llorar por ti, por mi y por nosotros.
Te había perdido por imbécil y por inmadura, pero no estaba dispuesta a dejarte ir tan fácilmente.
Haciendo un último esfuerzo me levanté del suelo y fui hasta el botiquín. allí estaban los ansiolíticos y los antidepresivos que me había recetado el médico la última vez que intenté dejar de beber para ceñirme a tu ultimatum, los cogí y volví a la cocina.
Al entrar me resbalé con tu sangre...seguías allí... mirando al infinito y con la boca abierta, eras tan guapo..M...M...¿qué te había hecho?
Sollocé y me senté a tu lado, cogí de nuevo la botella, aún estaba mediada, así que comencé a tomar un trago, una pastilla...un trago...una pastilla...un trago...
Perdí la cuenta de ellas, perdí la cuenta de los minutos, perdí la cuenta de la realidad y me recliné sobre tu pecho.
M...ya que en la vida no te había sabido querer te iba  a querer en la muerte...
Cuándo me desperté estaba en este hospital, no sé como llegué aquí o quién me socorrió...sólo sé que no quiero vivir sin ti, pero un guardia está las 24 horas en mi puerta y las enfermeras pasan cada cierto tiempo en rondas para tenerme controlada. Esto es una mierda, nunca hago nada bien, tenías tú razón, soy un completo desastre...
Pero M, no te preocupes, buscaré la forma de estar contigo y tarde o temprano lo conseguiré, ya sabes que a cabezota no me gana nadie.
Hasta pronto mi amor.
Siempre tuya.
Ella

martes, 3 de diciembre de 2013

Resaca V.

M se levantó de golpe derramando el café y haciendo que la silla se cayera al suelo.
Hessa abrió los ojos como platos y susurró su nombre, pero él no la escuchaba, tenía la mirada fija en una mujer...era Ella.
M se encaminó hacia Ella, su cara era de total arrepentimiento de terror y cuando llegó a su lado la bofetada sonó como un látigo.
Ella no se había podido contener, con ese gesto se deprendía de toda la rabia, de todo el dolor que llevaba acumulado esa mañana.
Él después de dejarla destrozada en su apartamento, apenas hacía dos horas, estaba allí en el parque besando a una chiquilla que no sabía ni quien era.¿Y luego se atrevía a tacharla a ella de infiel? ¿A llamarla puta en su casa?
-Nena, esto tiene explicación.-Susurró él.
-No quiero escucharla, eres un cerdo asqueroso, vas de mártir por la vida y tú...tú..tú..¿Cómo coño te atreves?
-Esta chica la cono...
-Me da exactamente igual, la compadezco, eres un ser falso que no mereces nada de lo que tienes, ¿y yo sintiéndome mal por engañarte? Anda y que te follen, ahí te quedas.
Ella se dio la vuelta y a buen paso los dejó a los dos a solas. M se giró hacia Hessa, ella estaba con la mandíbula desencajada, totalmente alucinada:
-Ella es mi ex...lo acabamos de dejar pero aún tenemos asuntos pendientes y..
-No tienes nada que explicarme, ve a junto de ella y arréglalo, es obvio que aún la quieres.
M sonrió y salió conrriendo detras de Ella.
Hessa simplemente acabó el café y pagó...le había quedado totalmente claro que los tíos, por muy majos que parecieran y por muy bien que besaran... son unos cerdos.