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Noelius Universe
lunes, 24 de marzo de 2014
jueves, 20 de febrero de 2014
Cambio IV
Me desperté con el zumbido.
Era incómodo, incluso doloroso.
La luz fría me cegaba y algo en el pecho me oprimía.
No sabía lo que estaba pasando a mi alrededor, sólo sentía miedo y soledad.
-Parece que aún no es una de ellos.
La voz rebotó en mi cerebro, la oía distorsionada...como si un altavoz estuviese pegado a mi tímpano.
-Está despertando.
-Dejadla respirar.
Varias manos me levantaron y me sentaron en una silla.
Estaba atada y una lámpara enfocaba directamente a mi cara sin dejarme ver los rostros de las sombras que se ocultaban detrás de ella.
-¿Qué ocurre? ¿Dónde estoy?
El silencio se impuso y comencé a temblar.
-Deberíamos matarla, no sabemos si es de ellos o no y ante la duda debemos protegernos.
-Por favor...-sollocé- soltadme, no sé de que habláis...no se quienes sois...yo sólo..
-Cállate puta, ya hablarás cuando te lo digamos.
Cada vez temblaba más, estaba asustada...no sabía lo que pasaba ni por qué estaba en esa situación. Un calor húmedo invadió mi entrepierna...
-Por dios..¿qué más necesitáis?¡Se está meando encima!
La lámpara se apagó...las chispas de colores revoloteaban ante mis ojos inundados de lágrimas, no podía ver nada...empecé a hiperventilar y cerré los ojos con fuerza.
Noté cómo me desataban y alguien me ayudó a levantarme de la silla.
-Tranquila...no te haremos daño, sólo debemos asegurarnos. Ellos están por todas partes.
-¿Pero de qué habláis?
Abrí los ojos muy despacio, ante mí había dos mujeres y tres hombres, me miraban con miedo y recelo.
-¿No sabes lo qué ha pasado?
Sacudí la cabeza negando, no sabía que ocurría, sólo que tenía mucho miedo.
-Todo comenzó hace unas horas, con el estallido. Nosotros estábamos fuera del pueblo, haciendo una barbacoa en el arenal del río y cuando volvimos nada era igual...
-¿Nada? ¿A que os referís?
-La gente, se comportaba de forma rara, parecen autómatas...cómo si siendo ellos ya no lo fueran. Al principio tampoco lo entendíamos mucho pero entonces sucedió...
Abrí los ojos como platos, se les veía asustados y yo también lo estaba, era cómo si un peligro indefinido pendiera de nuestras cabezas, pero era más bien una sensación.
-Cuando comenzamos a hacer preguntas fue cuando todo se desató, de repente las personas comenzaron a atacarnos y decidimos escondernos...pero una de nosotros...
Una de las mujeres rompió a llorar...
-¿Qué ocurrió?
-La atraparon y a las dos horas nos la cruzamos...pero ya no era ella, era sólo su cuerpo...ni siquiera reparó en nosotros...
No entendía nada...sólo sabía que había ocurrido algo...algo realmente malo...pero aquello parecía sacado de una película de serie B...era ridículo.
Me levanté de golpe y comencé a caminar hacia atrás, alejándome de aquellas personas.
-No debes salir, estarás más segura con nosotros...
-Alejaos de mí...no se quienes sois...me estáis asustando...estáis completamente chalados.
Y antes de que les diera tiempo a reaccionar me giré en redondo y salí corriendo de la sala.
Estaba en medio del bosque y aquello era apenas una cabaña abandonada de cazadores...corrí como si me persiguiese el diablo, los pantalones mojados me impedía ir más rápido y la humedad me rozaba las piernas de una forma muy molesta.
Entonces me di de bruces con alguien y los dos caímos al suelo...
Me erguí sobre los codos y lo que vi me heló la sangre en las venas.
Delante, en la misma postura en la que yo estaba, mirándome en la semioscuridad del amanecer estaba él, mi cita...el chico al que había dejado muerto hace unas horas dentro del coche...después de que sucediera el estallido.
Era incómodo, incluso doloroso.
La luz fría me cegaba y algo en el pecho me oprimía.
No sabía lo que estaba pasando a mi alrededor, sólo sentía miedo y soledad.
-Parece que aún no es una de ellos.
La voz rebotó en mi cerebro, la oía distorsionada...como si un altavoz estuviese pegado a mi tímpano.
-Está despertando.
-Dejadla respirar.
Varias manos me levantaron y me sentaron en una silla.
Estaba atada y una lámpara enfocaba directamente a mi cara sin dejarme ver los rostros de las sombras que se ocultaban detrás de ella.
-¿Qué ocurre? ¿Dónde estoy?
El silencio se impuso y comencé a temblar.
-Deberíamos matarla, no sabemos si es de ellos o no y ante la duda debemos protegernos.
-Por favor...-sollocé- soltadme, no sé de que habláis...no se quienes sois...yo sólo..
-Cállate puta, ya hablarás cuando te lo digamos.
Cada vez temblaba más, estaba asustada...no sabía lo que pasaba ni por qué estaba en esa situación. Un calor húmedo invadió mi entrepierna...
-Por dios..¿qué más necesitáis?¡Se está meando encima!
La lámpara se apagó...las chispas de colores revoloteaban ante mis ojos inundados de lágrimas, no podía ver nada...empecé a hiperventilar y cerré los ojos con fuerza.
Noté cómo me desataban y alguien me ayudó a levantarme de la silla.
-Tranquila...no te haremos daño, sólo debemos asegurarnos. Ellos están por todas partes.
-¿Pero de qué habláis?
Abrí los ojos muy despacio, ante mí había dos mujeres y tres hombres, me miraban con miedo y recelo.
-¿No sabes lo qué ha pasado?
Sacudí la cabeza negando, no sabía que ocurría, sólo que tenía mucho miedo.
-Todo comenzó hace unas horas, con el estallido. Nosotros estábamos fuera del pueblo, haciendo una barbacoa en el arenal del río y cuando volvimos nada era igual...
-¿Nada? ¿A que os referís?
-La gente, se comportaba de forma rara, parecen autómatas...cómo si siendo ellos ya no lo fueran. Al principio tampoco lo entendíamos mucho pero entonces sucedió...
Abrí los ojos como platos, se les veía asustados y yo también lo estaba, era cómo si un peligro indefinido pendiera de nuestras cabezas, pero era más bien una sensación.
-Cuando comenzamos a hacer preguntas fue cuando todo se desató, de repente las personas comenzaron a atacarnos y decidimos escondernos...pero una de nosotros...
Una de las mujeres rompió a llorar...
-¿Qué ocurrió?
-La atraparon y a las dos horas nos la cruzamos...pero ya no era ella, era sólo su cuerpo...ni siquiera reparó en nosotros...
No entendía nada...sólo sabía que había ocurrido algo...algo realmente malo...pero aquello parecía sacado de una película de serie B...era ridículo.
Me levanté de golpe y comencé a caminar hacia atrás, alejándome de aquellas personas.
-No debes salir, estarás más segura con nosotros...
-Alejaos de mí...no se quienes sois...me estáis asustando...estáis completamente chalados.
Y antes de que les diera tiempo a reaccionar me giré en redondo y salí corriendo de la sala.
Estaba en medio del bosque y aquello era apenas una cabaña abandonada de cazadores...corrí como si me persiguiese el diablo, los pantalones mojados me impedía ir más rápido y la humedad me rozaba las piernas de una forma muy molesta.
Entonces me di de bruces con alguien y los dos caímos al suelo...
Me erguí sobre los codos y lo que vi me heló la sangre en las venas.
Delante, en la misma postura en la que yo estaba, mirándome en la semioscuridad del amanecer estaba él, mi cita...el chico al que había dejado muerto hace unas horas dentro del coche...después de que sucediera el estallido.
miércoles, 5 de febrero de 2014
Cambio III
Tardé bastante en llegar al pueblo.
Atravesar el bosque no es una tarea sencilla, y menos en medio de la noche y con un ataque de pánico. Las calles estaban totalmente vacías, pero aquello en mi ciudad no era algo raro...
Irrumpí en la comisaría, pero en el mostrador no había ni un agente.
Me acerqué a la ventanilla y atisbe el interior.
Se veía la luz fría de un televisor encendido al final del pasillo, pero a parte de eso la oscuridad era densa y asfixiante.
De repente, de la nada una cara estaba pegada a mí.
Salté, dando un paso atrás y miré al agente:
-¿Puedo ayudarla en algo señorita?
Me quedé en blanco, conocía a aquel policía, pero había algo en el que no me cuadraba, que no era como siempre. No sabía exactamente de que se trataba.
-¿Señorita? ¿Se encuentra usted bien?
La voz era metálica, quería denotar preocupación, pero sonaba rascada, como los viejos vinilos que escuchaba mi madre.
No sabría decirlo...pero las alertas se despertaron dentro de mi cabeza y sonreí.
-No señor agente...disculpe...es que sólo quería hacer una comprobación.
Aquella cosa me sonrió desde detrás del mostrador.
-¿Y eso todo correcto?
Era obvio que su pregunta era estúpida, nada era correcto, que una mujer con las medias desgarradas, el pelo lleno de hierbajos y con sangre en la cara apareciera en mitad de la noche en la comisaría era de todo menos correcto...pero mantuve la compostura.
-Si, señor agente. Creo que me voy a ir. Gracias por su atención.
-De acuerdo ciudadana. Que mañana tenga un día productivo y una noche tranquila.
Di la vuelta sobre mi misma inmediatamente, y todo lo más tranquila que pude salí del edificio.
El corazón me bombeaba a mil por hora. En cuanto pisé la calle me senté en un banco y metí la cabeza entre las piernas...estaba hiperventilando.
Me sentía muy agobiada, no entendía nada de lo que estaba pasando.
Me incorporé y apoyé mi espalda en el respaldo. Eché la cabeza hacia atrás cerrando los ojos e intentando ordenar mis ideas...
Me zumbaban los oídos, las manos me temblaban...las únicas ideas que me venía a la cabeza estaban basadas en todas las películas de serie B que había visto a lo largo de mi vida...y eso no podía ser, esas cosas no pasaban en la realidad...
Sumergida en mis locas ideas estaba cuando de súbito y sin saber de donde noté como me agarraban por detrás...trate de gritar pero una mano me tapó la boca...traté de zafarme pero unos brazos duros como el hierro me rodeaban.
Una bolsa de tela cubrió mi cabeza y noté un golpe en la nuca.
Me quedé sin sentido.
Y hundida en las sombras de mi inconsciencia no pude luchar contra aquello que me llevaba en contra de mi voluntad.
miércoles, 29 de enero de 2014
Cambio II
La luz en el cielo era extraña...sesgada...no sabría explicarlo. Los matices se mezclaban entre los tonos amarillos y violáceos.
Allí sentados, dentro del coche parecía que nada ni nadie podía hacernos nada malo.
Era la cuarta vez que quedábamos, estaba muy nerviosa...no sabía si dar el siguiente paso o esperar a que él lo diese, se hacía bastante complicado.
Fue cuando me decidí a acercarme, cerré los ojos y me lancé pero antes de alcanzar mi objetivo un silbido estremecedor me heló la sangre en las venas.
Los cristales del vehículo se rompieron en diez mil pedazos golpeándonos la piel con las esquirlas, noté como me la rasgaban y me cubrí instintivamente la cabeza.
El suelo temblaba de forma descontrolada, parecía un terremoto...grité, pero no escuché mis propios gritos por el ruido que había a mi alrededor.
De repente silencio.
Era un silencio denso, pesado, que casi se podía masticar.
Abrí los ojos y le miré.
Un trozo de cristal había saltado del parabrisas y se había clavado en medio de su frente.
La sangre brotaba espesa, rebalándole por la cara y goteando desde su barbilla hasta su pecho.
Estaba muerto.
No se por qué actué así.
Salí del coche y corrí por el bosque buscando ayuda, resbalé varias veces por el terraplén hasta salir a la carretera principal.
Fue entonces cuando vi el comienzo del cambio por primera vez.
Cuando corrí hacia la gasolinera buscando un teléfono para llamar a emergencias. En ese instante, cuando crucé la carretera lo noté, fue como atravesar un trozo de gelatina con todo el cuerpo, el siguiente paso me costó darlo...de echo cuando apoyé el pie en el suelo trastrabillé y caí hacia atrás, pero algo frenó mi caída.
Mi cuerpo quedó suspendido en el aire, apoyado contra algo totalmente invisible.
Me giré rápidamente y comencé a palpar el vacío con las manos...con una pequeña característica, no había vacío...aunque yo no pudiese verlo algo me frenaba.
Un muro invisible me impedía cruzar más allá de los lindes de la carretera.
Di unos paso atrás y otra vez vi los matices amarillentos y violáceos atravesar el aire...Estaba atrapada y no sabía que era lo que me frenaba.
Sin saber que hacer me di la vuelta y corrí hacia la luz de la tienda de la gasolinera.
Un chico me miró desde atrás del mostrador con la cara desencajada.
-¿Qué te ha pasado? ¿Estás bien?
No sabía que contestarle, lo escuchaba amortiguado...como si me hablara desde detrás de un cojín.
Salió de detrás del mostrador y me agarró por el codo.
-Estás llena de sangre...acompáñame al baño para que pueda limpiarte...¿Me entiendes? ¿Estás herida?
Lo miré a los ojos, en ellos pude ver amabilidad y algo de preocupación. Parecía buena persona y me dejé llevar. Quería explicarle todo pero las palabras no salían de mi boca, el cuerpo me temblaba...no sabía por donde comenzar.
Con cuidado me condujo al baño y con unas toallitas de papel empapadas comenzó a limpiarme la cara.
-Voy a ira al almacén a por el botiquín, siéntate aquí y continua limpiándote, vengo ahora. ¿De acuerdo?
Asentí con la cabeza y el sonrió de forma tranquilizadora mientras se iba.
Me quedé sola en el baño.
Seguí limpiándome la sangre y comencé a ordenar mis ideas, no sabía si estaba alucinando o si todo aquello había pasado realmente.
Entonces un ruido sordo interrumpió mis elucubraciones.
Con cuidado entreabrí la puerta del baño y me asomé...justo a tiempo...vi como desde atrás del mostrador algo tiraba del cuerpo tumbado del chaval que acababa de atenderme...vi como sus pies desaparecía por detrás de la barra.
La adrenalina se activó en mis venas...el corazón me bombeaba a plena potencia...sabía que tenía que huir, pero no sabía de lo que.
Cerré con cuidado la puerta y miré a mi alrededor, por suerte el baño de la gasolinera tenía una ventana, así que subiéndome al inodoro me aupé y salí por ella.
En cuanto toque el suelo no lo pensé dos veces y comencé a correr todo lo que mis piernas daban hacia el pueblo.
No sabía que demonios estaba pasando pero iría a la policía y ellos lo averiguarían, eso era lo correcto y eso era lo que iba a hacer.
Allí sentados, dentro del coche parecía que nada ni nadie podía hacernos nada malo.
Era la cuarta vez que quedábamos, estaba muy nerviosa...no sabía si dar el siguiente paso o esperar a que él lo diese, se hacía bastante complicado.
Fue cuando me decidí a acercarme, cerré los ojos y me lancé pero antes de alcanzar mi objetivo un silbido estremecedor me heló la sangre en las venas.
Los cristales del vehículo se rompieron en diez mil pedazos golpeándonos la piel con las esquirlas, noté como me la rasgaban y me cubrí instintivamente la cabeza.
El suelo temblaba de forma descontrolada, parecía un terremoto...grité, pero no escuché mis propios gritos por el ruido que había a mi alrededor.
De repente silencio.
Era un silencio denso, pesado, que casi se podía masticar.
Abrí los ojos y le miré.
Un trozo de cristal había saltado del parabrisas y se había clavado en medio de su frente.
La sangre brotaba espesa, rebalándole por la cara y goteando desde su barbilla hasta su pecho.
Estaba muerto.
No se por qué actué así.
Salí del coche y corrí por el bosque buscando ayuda, resbalé varias veces por el terraplén hasta salir a la carretera principal.
Fue entonces cuando vi el comienzo del cambio por primera vez.
Cuando corrí hacia la gasolinera buscando un teléfono para llamar a emergencias. En ese instante, cuando crucé la carretera lo noté, fue como atravesar un trozo de gelatina con todo el cuerpo, el siguiente paso me costó darlo...de echo cuando apoyé el pie en el suelo trastrabillé y caí hacia atrás, pero algo frenó mi caída.
Mi cuerpo quedó suspendido en el aire, apoyado contra algo totalmente invisible.
Me giré rápidamente y comencé a palpar el vacío con las manos...con una pequeña característica, no había vacío...aunque yo no pudiese verlo algo me frenaba.
Un muro invisible me impedía cruzar más allá de los lindes de la carretera.
Di unos paso atrás y otra vez vi los matices amarillentos y violáceos atravesar el aire...Estaba atrapada y no sabía que era lo que me frenaba.
Sin saber que hacer me di la vuelta y corrí hacia la luz de la tienda de la gasolinera.
Un chico me miró desde atrás del mostrador con la cara desencajada.
-¿Qué te ha pasado? ¿Estás bien?
No sabía que contestarle, lo escuchaba amortiguado...como si me hablara desde detrás de un cojín.
Salió de detrás del mostrador y me agarró por el codo.
-Estás llena de sangre...acompáñame al baño para que pueda limpiarte...¿Me entiendes? ¿Estás herida?
Lo miré a los ojos, en ellos pude ver amabilidad y algo de preocupación. Parecía buena persona y me dejé llevar. Quería explicarle todo pero las palabras no salían de mi boca, el cuerpo me temblaba...no sabía por donde comenzar.
Con cuidado me condujo al baño y con unas toallitas de papel empapadas comenzó a limpiarme la cara.
-Voy a ira al almacén a por el botiquín, siéntate aquí y continua limpiándote, vengo ahora. ¿De acuerdo?
Asentí con la cabeza y el sonrió de forma tranquilizadora mientras se iba.
Me quedé sola en el baño.
Seguí limpiándome la sangre y comencé a ordenar mis ideas, no sabía si estaba alucinando o si todo aquello había pasado realmente.
Entonces un ruido sordo interrumpió mis elucubraciones.
Con cuidado entreabrí la puerta del baño y me asomé...justo a tiempo...vi como desde atrás del mostrador algo tiraba del cuerpo tumbado del chaval que acababa de atenderme...vi como sus pies desaparecía por detrás de la barra.
La adrenalina se activó en mis venas...el corazón me bombeaba a plena potencia...sabía que tenía que huir, pero no sabía de lo que.
Cerré con cuidado la puerta y miré a mi alrededor, por suerte el baño de la gasolinera tenía una ventana, así que subiéndome al inodoro me aupé y salí por ella.
En cuanto toque el suelo no lo pensé dos veces y comencé a correr todo lo que mis piernas daban hacia el pueblo.
No sabía que demonios estaba pasando pero iría a la policía y ellos lo averiguarían, eso era lo correcto y eso era lo que iba a hacer.
lunes, 27 de enero de 2014
Cambio.
Me siento triste, no quiero seguir.
Estoy harta de la falsedad que me rodea, de los estereotipos, de el clasicismo.
Cansada de que todo cambien a mi alrededor.
Noto que no evoluciono, que a cada paso el suelo se tambalea bajo mis pies y alguien cae a mi lado, sin que yo pueda evitarlo.
¿Por qué todo cambia cuándo yo no lo hago?
¿Por qué te sonríe con condescendencia al que hace poco ayudabas para que no estuviese en esta situación?
Los odio.
Odio cada palabra que sale de sus bocas.
Odio cada mirada despectiva a su alrededor creyéndose mejores que el resto.
Odio la falsedad en sus sonrisas.
Esas sonrisas que parecen sinceras y vivas pero que se ven eclipsadas pro la muerte que hay en sus ojos.
Son ojos muertos, ojos no humanos...ojos que antes estaban vivos pero que ahora solo son parte de la vaina que envuelve la realidad.
Antes todo era más sencillo, podías mirar a alguien a la cara y sentirte comprendida, sentir que estabas hablando con alguien igual que tu..pero ahora...ahora hay que ocultar todo signo de debilidad.
Ayer se llevaron a mi amiga.
Hoy la vi.
Pero ya no era ella.
La ropa: impecable.
El pelo: totalmente perfecto.
La sonrisa: blanca y brillante.
Los ojos: muertos.
Estaba del otro lado. Supe que la había perdido y huí antes de cruzarme con ella.
Tenía miedo a fallar, a demostrar cualquier tipo de sentimiento y que me descubriera.
Sabía que cualquier signo de debilidad haría que cayeran sobre mí como buitres hambrientos y que me arrastrarían al silo que había construido a las afueras del pueblo.
Por eso me alejé.
Se que estoy casi sola...los que son como yo todavía no se atreven a presentarse.
Todos somos muy sigilosos, cuidadosos y desconfiados.
Nunca sabes quien te puede traicionar y al fin y al cabo esto es una forma de defensa para preservar la poca humanidad que aún me puede quedar dentro.
Estoy harta de la falsedad que me rodea, de los estereotipos, de el clasicismo.
Cansada de que todo cambien a mi alrededor.
Noto que no evoluciono, que a cada paso el suelo se tambalea bajo mis pies y alguien cae a mi lado, sin que yo pueda evitarlo.
¿Por qué todo cambia cuándo yo no lo hago?
¿Por qué te sonríe con condescendencia al que hace poco ayudabas para que no estuviese en esta situación?
Los odio.
Odio cada palabra que sale de sus bocas.
Odio cada mirada despectiva a su alrededor creyéndose mejores que el resto.
Odio la falsedad en sus sonrisas.
Esas sonrisas que parecen sinceras y vivas pero que se ven eclipsadas pro la muerte que hay en sus ojos.
Son ojos muertos, ojos no humanos...ojos que antes estaban vivos pero que ahora solo son parte de la vaina que envuelve la realidad.
Antes todo era más sencillo, podías mirar a alguien a la cara y sentirte comprendida, sentir que estabas hablando con alguien igual que tu..pero ahora...ahora hay que ocultar todo signo de debilidad.
Ayer se llevaron a mi amiga.
Hoy la vi.
Pero ya no era ella.
La ropa: impecable.
El pelo: totalmente perfecto.
La sonrisa: blanca y brillante.
Los ojos: muertos.
Estaba del otro lado. Supe que la había perdido y huí antes de cruzarme con ella.
Tenía miedo a fallar, a demostrar cualquier tipo de sentimiento y que me descubriera.
Sabía que cualquier signo de debilidad haría que cayeran sobre mí como buitres hambrientos y que me arrastrarían al silo que había construido a las afueras del pueblo.
Por eso me alejé.
Se que estoy casi sola...los que son como yo todavía no se atreven a presentarse.
Todos somos muy sigilosos, cuidadosos y desconfiados.
Nunca sabes quien te puede traicionar y al fin y al cabo esto es una forma de defensa para preservar la poca humanidad que aún me puede quedar dentro.
martes, 14 de enero de 2014
Besos
¿Qué cómo son tus besos?
Tus besos son dulces cuando te despiertas, mientras me los das ronroneas y me encanta que esos besos acompañen a tu primera sonrisa del día...y aún más que me la dediques a mi.
Tus besos son picantes por el whastapp. Saben a promesas de pasión y a risas disimuladas para que la gente no piense que estoy loca mientras camino por la calle embobada con el teléfono móvil.
Tus besos son tremendamente inocentes cuando me los das mientras paseamos de la mano y me miras de esa forma que me hace sentir que no hay nadie más.
Tus besos son adolescentes siempre que hay gente a nuestro alrededor, me los robas y te escapas con una sonrisa picarona, como si hubieses cometido una travesura y te cazaran en la falta.
Tus besos son melosos, apasionados y seductores, con la profundidad de la excitación que te produce que te susurre guarradas al oído, y acompañan a la electricidad de la excitación de tu cuerpo...esa electricidad que me das encendiendo mi sistema bajo las sábanas.
¿Qué cómo son tus besos me preguntas?
Tus besos son cada día diferentes, a cada momento cambiantes pero, desde que los he encontrado, son totalmente imprescindibles para mí.
Monstruos.
Se sentía pequeña, sola y frágil.
Sus demonios la acorralaban en una esquina del cuarto.
Con fuerza cerró los ojos y se tapó los oídos pero aún así ellos la rodeaban, inyectados sus ojos en sangre y el sonido de sus dientes chirriando le crispaban los nervios y le arañaban la piel.
Si..notaba las uñas rasgándola poco a poco, abriendo viejas heridas cicatrizadas, el aliento húmedo y dulzón que desprendían de sus bocas con sonrisas crueles la penetraban por todos los poros.
Se agarró con fuerza las rodillas y escondió un poco más la cabeza entre las piernas.
No quería pensar, sólo quería que llegara el amanecer. Sabía que si veía salir el sol ese último día lo habría logrado...pero para eso faltaba una eternidad.
Por momentos tenía suerte, se quedaba dormida, pero el dolor en el trasero y el cuerpo entumecido de mantener la misma postura la despertaba a cada poco de su sopor, devolviéndola a la realidad y haciendo que las heridas internas latieran con rabia y que aquellos cretinos cerraran más el cerco para atormentarla e insultarla.
El reloj se movía demasiado lento y el sonido del tic tac le destrozaba los tímpanos y los nervios.
Una vez más se durmió pero cuatro fuertes golpes en la puerta principal la despertaron.
Todos los demonios que la acompañaban en la habitación se giraron a la vez, descentrando su atención de su maltrecho cuerpo. Por un momento dejaron de atormentarla. Estaban asustados, se les notaba.
Otros cuatro golpes resonaron en el cuarto, atronadores, la aturdieron un poco más rebotando en sus sesos agotados por la tensión.
Los demonios huyeron despavoridos golpeándola en su escapatoria, haciendo que su cuerpo convulsionase mientras se colaban por las heridas que poco antes había abierto en su carne, para, cobardes ellos, ocultarse en su interior sacándole las pocas fuerzas que le quedaban para luchar con su destino. Ya calentitos entre sus tripas susurraban asustados..."No le dejes pasar...no le dejes pasar..." Pero ella decidida los mandó callar, sintió lástima por ellos, les encantaba torturarla pero sin ella no eran nadie, les hacía falta para vivir...
Finalmente la puerta, con un chirrido irritante y lento se abrió.
Levantó la cabeza.A través de los mechones que le caían delante de los ojos pudo ver la claridad.
No era una claridad natural, sólo era una pobre imitación de la luz del día para conseguir que ella se confiara. Pero esta vez estaba decidida a no ceder. Ya había caído otras veces en la misma trampa, siempre cuando estaba a punto de conseguir derrotarle el monstruo llegaba para ponerla en su lugar y comerse un poco más de su alma.
Hizo palanca con la espalda contra la pared y lentamente comenzó a levantarse...el cuerpo le pesaba, le dolían las articulaciones y las heridas abiertas dejaban escapar la sangre con profusión. Se las habían hecho los cobardes que ahora se escondían en su interior, para mantenerla cuerda, decían, para que no perdiera del todo la cabeza...mentiras...sólo eran más mentiras para que estuviese débil y que no pudiese luchar, pero esta vez no iba a ser así, esta vez tenía toda la fuerza de voluntad de su lado.
Estaba dispuesta a encararse, a enfrentarse a aquel monstruo que la había perseguido durante quince años para acabar con ella.
En la claridad de la puerta se recortó una sombra. Una figura totalmente definida. No había duda de que era él.
Tragó saliva y separó las piernas, fijando un buen apoyo para resistir el primer ataqué.
No respiraba siquiera. En la habitación sólo se escuchaba el latir viscoso de aquella cosa, como un puré muy espeso de verduras hirviendo en la olla. Era algo asqueroso.
El monstruo avanzó, grande y pesado...llenando la habitación con su olor a alcantarilla.
Le vino una arcada que la dobló y cayó de rodillas al suelo. Vomitó sobre la alfombra de aquella sórdida habitación de hotel, pero no le importó, esto habría acabado antes de que llegara el servicio de habitaciones, ella ya se habría ido y el marrón se lo comería otro.
El monstruo se detuvo.Dándole la última oportunidad de sobreponerse, en el fondo deseaba que ella le derrotara aquella vez, pero él también tenía algo de amor propio y le era muy difícil dejar a sus presas vivas. Despacio ella levantó la cabeza y se miraron a los ojos.
Él quieto...ella derrotada...pero comenzó de nuevo a erguirse y que era la última vez que lo intentaba.
Aquella sería la definitiva, la que le dara la victoria o la muerte, la que al fin la liberaría.
El amanecer llegó al fin...pero no fue hasta media mañana cuando llegó la policía.
En la habitación solamente estaba el cadáver escuálido de aquella mujer.
Parecía que llevaba allí encerrada varios días por los restos de comida y de colillas que había por todo el cuarto.
El olor era nauseabundo, era un caso claro, un intento por libre de desintoxicación, a menudo los yonquis de la zona alquilaban una habitación y se encerraban por varios día para librarse del mono...por desgracia casi siempre cuando estaban a punto de conseguirlo no aguantaban más y llamaban al camello inyectándose una dosis letal y perdiéndo la batalla. Unas últimas horas teñidas de valentía, pero que acababan en fracaso y que se archivaban como algo insignificante y rutinario en un expediente policial necesario para el levantamiento del cadáver.
Sus demonios la acorralaban en una esquina del cuarto.
Con fuerza cerró los ojos y se tapó los oídos pero aún así ellos la rodeaban, inyectados sus ojos en sangre y el sonido de sus dientes chirriando le crispaban los nervios y le arañaban la piel.
Si..notaba las uñas rasgándola poco a poco, abriendo viejas heridas cicatrizadas, el aliento húmedo y dulzón que desprendían de sus bocas con sonrisas crueles la penetraban por todos los poros.
Se agarró con fuerza las rodillas y escondió un poco más la cabeza entre las piernas.
No quería pensar, sólo quería que llegara el amanecer. Sabía que si veía salir el sol ese último día lo habría logrado...pero para eso faltaba una eternidad.
Por momentos tenía suerte, se quedaba dormida, pero el dolor en el trasero y el cuerpo entumecido de mantener la misma postura la despertaba a cada poco de su sopor, devolviéndola a la realidad y haciendo que las heridas internas latieran con rabia y que aquellos cretinos cerraran más el cerco para atormentarla e insultarla.
El reloj se movía demasiado lento y el sonido del tic tac le destrozaba los tímpanos y los nervios.
Una vez más se durmió pero cuatro fuertes golpes en la puerta principal la despertaron.
Todos los demonios que la acompañaban en la habitación se giraron a la vez, descentrando su atención de su maltrecho cuerpo. Por un momento dejaron de atormentarla. Estaban asustados, se les notaba.
Otros cuatro golpes resonaron en el cuarto, atronadores, la aturdieron un poco más rebotando en sus sesos agotados por la tensión.
Los demonios huyeron despavoridos golpeándola en su escapatoria, haciendo que su cuerpo convulsionase mientras se colaban por las heridas que poco antes había abierto en su carne, para, cobardes ellos, ocultarse en su interior sacándole las pocas fuerzas que le quedaban para luchar con su destino. Ya calentitos entre sus tripas susurraban asustados..."No le dejes pasar...no le dejes pasar..." Pero ella decidida los mandó callar, sintió lástima por ellos, les encantaba torturarla pero sin ella no eran nadie, les hacía falta para vivir...
Finalmente la puerta, con un chirrido irritante y lento se abrió.
Levantó la cabeza.A través de los mechones que le caían delante de los ojos pudo ver la claridad.
No era una claridad natural, sólo era una pobre imitación de la luz del día para conseguir que ella se confiara. Pero esta vez estaba decidida a no ceder. Ya había caído otras veces en la misma trampa, siempre cuando estaba a punto de conseguir derrotarle el monstruo llegaba para ponerla en su lugar y comerse un poco más de su alma.
Hizo palanca con la espalda contra la pared y lentamente comenzó a levantarse...el cuerpo le pesaba, le dolían las articulaciones y las heridas abiertas dejaban escapar la sangre con profusión. Se las habían hecho los cobardes que ahora se escondían en su interior, para mantenerla cuerda, decían, para que no perdiera del todo la cabeza...mentiras...sólo eran más mentiras para que estuviese débil y que no pudiese luchar, pero esta vez no iba a ser así, esta vez tenía toda la fuerza de voluntad de su lado.
Estaba dispuesta a encararse, a enfrentarse a aquel monstruo que la había perseguido durante quince años para acabar con ella.
En la claridad de la puerta se recortó una sombra. Una figura totalmente definida. No había duda de que era él.
Tragó saliva y separó las piernas, fijando un buen apoyo para resistir el primer ataqué.
No respiraba siquiera. En la habitación sólo se escuchaba el latir viscoso de aquella cosa, como un puré muy espeso de verduras hirviendo en la olla. Era algo asqueroso.
El monstruo avanzó, grande y pesado...llenando la habitación con su olor a alcantarilla.
Le vino una arcada que la dobló y cayó de rodillas al suelo. Vomitó sobre la alfombra de aquella sórdida habitación de hotel, pero no le importó, esto habría acabado antes de que llegara el servicio de habitaciones, ella ya se habría ido y el marrón se lo comería otro.
El monstruo se detuvo.Dándole la última oportunidad de sobreponerse, en el fondo deseaba que ella le derrotara aquella vez, pero él también tenía algo de amor propio y le era muy difícil dejar a sus presas vivas. Despacio ella levantó la cabeza y se miraron a los ojos.
Él quieto...ella derrotada...pero comenzó de nuevo a erguirse y que era la última vez que lo intentaba.
Aquella sería la definitiva, la que le dara la victoria o la muerte, la que al fin la liberaría.
El amanecer llegó al fin...pero no fue hasta media mañana cuando llegó la policía.
En la habitación solamente estaba el cadáver escuálido de aquella mujer.
Parecía que llevaba allí encerrada varios días por los restos de comida y de colillas que había por todo el cuarto.
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