Tumbada en la cama se asía al móvil como su tabla de salvación,
hacía una hora de reloj que le había mandado el mensaje a M...sabía de sobra
que la había cagado pero eso no le daba derecho a ignorarla de esa forma.
Desbloqueó el teléfono y se quedó mirando la pantalla como si
fuese una puta bola de cristal...el enfado empezó a subirle desde las plantas
de los pies y las lágrimas, como ríos de fuego le quemaron las mejillas.
M era un cretino, no se merecía a una mujer como ella...o tal vez
no era tan cretino y pasar de ella era lo mejor que podía hacer.
Tiró el móvil
a un lado y el nudo que le atenazaba la garganta se cerró un poco más... estaba
tentada a mandarle otro mensaje, pero no sabía que más ponerle ni que más
decirle para pedirle perdón.
Ahora que lo daba por perdido era cuando más lo echaba de menos,
se levantó despacio de la cama, sin ganas ya de nada, arrastrando los pies se
dirigió a la cocina.
Desde las paredes M con una mujer lo miraba sonriendo...esa mujer
era la verdadera, la que M se merecía y no la sombra de aquella que se
arrastraba como un alma en pena por el pasillo.
Ella sin vergüenza dejó que las lágrimas se deslizaran por su
cara, que arrasaran con la capa de maquillaje que aún quedaba.
Llegara a casa directa del motel y ni siquiera se duchara, sólo se
sacara la ropa para intentar sacarse con ella la pena y la culpa, pero la
tristeza estaba totalmente incrustada en su piel.
Llegó a la cocina y abrió la nevera, cogió la botella de vodka
dispuesta a darle un buen lingotazo y olvidarse de todo.
M...M...M..su nombre golpeaba su cerebro y le clavaba un poco más
la espina en el corazón...¿Por qué había llegado a esta situación? Él sabía
desde un principio que disfrutaba bebiendo, esa faceta salvaje de ella era lo
que a él más le gustaba...pero un día empezaron los reproches, empezaron las
habladurías de lo que Ella hacía cuando M no estaba delante y cómo con una copa
se conseguía más con Ella que un poco de conversación y M le puso un ultimatum,
o él o el alcohol, no había nada más que decir.
Al principio le fue fácil pero la monotonía al final le pudo, era todo desmasiado tranquilo y no se sentía ella realmente, al
principio lo hacía a escondidas, sólo era un sorbito del mueble bar de vez en cuando pero un día M la pilló con unas amigas en un
pub bastante borracha y en los brazos de otro...aquella vez si que pensó que lo
perdía pero a los pocos días M la llamó, dijo que sin ella no podía vivir y que
lo intentaran una vez más.
Ella estaba muy contenta, habían quedado en el restaurante al que
la había llevado en la primera cita y se arregló con esmero.
Se puso el vestido que él siempre le celebraba, se soltó la melena
y se pintó los labios de rojo...pero M quiso cenar con vino y a Ella le tembló
el pulso..una copa como siempre no era suficiente, pero eso M no lo
entendía.
Pensó que por un poco de vino no importaba y que después se irían
a casa a hacer las paces follando toda la noche como locos, pero M quiso ir a
tomar una copa a un pub que abrían ese día sus amigos, recordaba que
había pedido un mojito y que M se había ido un momento al baño, entonces se
encontró con una amiga y se tomaron un par de chupitos, él tardaba así que al
mojito le siguió un combinado, a ese otro y luego la maldita nebulosa, era obvio que había
perdido el control y sabía que había discutido con M.
Miró la botella de vodka y se levantó del suelo, la vació en el
vertedero y vomitó por encima...le dolía el estómago pero más le dolía el
orgullo, le había perdido perdón pero el teléfono seguía sin sonar. Él no la
quería tanto como predicaba, era un falso y un mentiroso, como todos los tíos.
Entonces el timbre de la puerta sonó, trastrabillando corrió para
abrirla...el corazón le retumbaba en el pecho y en la sienes y casi sin aliento
abrió.
Al otro lado estaba M, la miraba por encima del hombro, con
desdén, en sus ojos ya no quedaba ni gota de la ternura que solía tener y que
la hacía sentir tan especial.
La cogió por los brazos con violencia y la besó, fue un beso
profundo, posesivo y urgente. Ella se agarró a su cuerpo como si no hubiese un
mañana y se dejó arrastrar hasta la habitación. M la lanzó sobre las sábanas
revueltas y se desnudó sin ningún tipo de miramiento, le arrancó las bragas que
llevaba puestas y sin dejarle un momento de respiro la penetró hasta el fondo.
Ella gimoteó, pero el placer superaba al dolor y se sentía
demasiado feliz de que M estuviese allí como para romper el encanto del
momento.
Él la cubría por completo apenas podía respirar y notaba como se
habría paso en sus entrañas...una...dos...tres...cuatro...cinco veces, pero
cuando estaba a punto de correrse M paró, él ya había acabado y se retiró, se
sentó en la cama y Ella a su lado tratando de tocarlo.
-Sé lo que hiciste anoche.
A Ella se le paralizó la sangre en las venas y agachó la mirada,
estaba desolada, ahora entendía que eso no iba a ser una reconciliación.
-No tienes nada que decir, te dije que esa era la última
oportunidad, te quiero pero me quiero más a mi.
Ella levantó la mirada intentando buscar la suya, pero M ya se
estaba vistiendo de espaldas a ella.
Cuando acabó se giró y la miró
directamente a los ojos. En su mirada ya no quedaba nada, Ella sólo pudo encontrar
desprecio. Entonces M se metió la mano en el bolsillo y sacó un par de
billetes, se los arrojó encima de la cama y dándole la espalda musitó.
-Era una prueba que no has superado, eres una puta, adiós.
Y así sin más desapareció de su habitación, de su casa y de su
vida. Ella se sentía sucia y encendiendo un cigarrillo se juró que M se acordaría de ese desprecio tarde o temprano.
-Al fin y al cabo- pensó- la venganza es un plato que sabe mucho mejor frío.
me gusta mucho. pero claro, eso conlleva que debes continuar con el relato
ResponderEliminarEs muy duro.
ResponderEliminarde acuerdo con Francisco, quiero leer la venganza!!
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