martes, 26 de noviembre de 2013

Resaca II

Tumbada en la cama se asía al móvil como su tabla de salvación, hacía una hora de reloj que le había mandado el mensaje a M...sabía de sobra que la había cagado pero eso no le daba derecho a ignorarla de esa forma.
Desbloqueó el teléfono y se quedó mirando la pantalla como si fuese una puta bola de cristal...el enfado empezó a subirle desde las plantas de los pies y las lágrimas, como ríos de fuego le quemaron las mejillas.
M era un cretino, no se merecía a una mujer como ella...o tal vez no era tan cretino y pasar de ella era lo mejor que podía hacer. 
Tiró el móvil a un lado y el nudo que le atenazaba la garganta se cerró un poco más... estaba tentada a mandarle otro mensaje, pero no sabía que más ponerle ni que más decirle para pedirle perdón.
Ahora que lo daba por perdido era cuando más lo echaba de menos, se levantó despacio de la cama, sin ganas ya de nada, arrastrando los pies se dirigió a la cocina.
Desde las paredes M con una mujer lo miraba sonriendo...esa mujer era la verdadera, la que M se merecía y no la sombra de aquella que se arrastraba como un alma en pena por el pasillo.
Ella sin vergüenza dejó que las lágrimas se deslizaran por su cara, que arrasaran con la capa de maquillaje que aún quedaba.
Llegara a casa directa del motel y ni siquiera se duchara, sólo se sacara la ropa para intentar sacarse con ella la pena y la culpa, pero la tristeza estaba totalmente incrustada en su piel.
Llegó a la cocina y abrió la nevera, cogió la botella de vodka dispuesta a darle un buen lingotazo y olvidarse de todo.
M...M...M..su nombre golpeaba su cerebro y le clavaba un poco más la espina en el corazón...¿Por qué había llegado a esta situación? Él sabía desde un principio que disfrutaba bebiendo, esa faceta salvaje de ella era lo que a él más le gustaba...pero un día empezaron los reproches, empezaron las habladurías de lo que Ella hacía cuando M no estaba delante y cómo con una copa se conseguía más con Ella que un poco de conversación y M le puso un ultimatum, o él o el alcohol, no había nada más que decir.
Al principio le fue fácil pero la monotonía al final le pudo, era todo desmasiado tranquilo y no se sentía ella realmente, al principio lo hacía a escondidas, sólo era un sorbito del mueble bar de vez en cuando pero un día M la pilló con unas amigas en un pub bastante borracha y en los brazos de otro...aquella vez si que pensó que lo perdía pero a los pocos días M la llamó, dijo que sin ella no podía vivir y que lo intentaran una vez más.
Ella estaba muy contenta, habían quedado en el restaurante al que la había llevado en la primera cita y se arregló con esmero. 
Se puso el vestido que él siempre le celebraba, se soltó la melena y se pintó los labios de rojo...pero M quiso cenar con vino y a Ella le tembló el pulso..una copa como siempre no era suficiente, pero eso M no lo entendía. 
Pensó que por un poco de vino no importaba y que después se irían a casa a hacer las paces follando toda la noche como locos, pero M quiso ir a tomar una copa a un pub que abrían ese día sus  amigos, recordaba que había pedido un mojito y que M se había ido un momento al baño, entonces se encontró con una amiga y se tomaron un par de chupitos, él tardaba así que al mojito le siguió un combinado, a ese otro y luego la maldita nebulosa, era obvio que había perdido el control y sabía que había discutido con M.
Miró la botella de vodka y se levantó del suelo, la vació en el vertedero y vomitó por encima...le dolía el estómago pero más le dolía el orgullo, le había perdido perdón pero el teléfono seguía sin sonar. Él no la quería tanto como predicaba, era un falso y un mentiroso, como todos los tíos.
Entonces el timbre de la puerta sonó, trastrabillando corrió para abrirla...el corazón le retumbaba en el pecho y en la sienes y casi sin aliento abrió.
Al otro lado estaba M, la miraba por encima del hombro, con desdén, en sus ojos ya no quedaba ni gota de la ternura que solía tener y que la hacía sentir tan especial.
La cogió por los brazos con violencia y la besó, fue un beso profundo, posesivo y urgente. Ella se agarró a su cuerpo como si no hubiese un mañana y se dejó arrastrar hasta la habitación. M la lanzó sobre las sábanas revueltas y se desnudó sin ningún tipo de miramiento, le arrancó las bragas que llevaba puestas y sin dejarle un momento de respiro la penetró hasta el fondo.
Ella gimoteó, pero el placer superaba al dolor y se sentía demasiado feliz de que M estuviese allí como para romper el encanto del momento.
Él la cubría por completo apenas podía respirar y notaba como se habría paso en sus entrañas...una...dos...tres...cuatro...cinco veces, pero cuando estaba a punto de correrse M paró, él ya había acabado y se retiró, se sentó en la cama y Ella a su lado tratando de tocarlo.
-Sé lo que hiciste anoche.
A Ella se le paralizó la sangre en las venas y agachó la mirada, estaba desolada, ahora entendía que eso no iba a ser una reconciliación.
-No tienes nada que decir, te dije que esa era la última oportunidad, te quiero pero me quiero más a mi.
Ella levantó la mirada intentando buscar la suya, pero M ya se estaba vistiendo de espaldas a ella.
Cuando acabó se giró y la miró directamente a los ojos. En su mirada ya no quedaba nada, Ella sólo pudo encontrar desprecio. Entonces M se metió la mano en el bolsillo y sacó un par de billetes, se los arrojó encima de la cama y dándole la espalda musitó.
-Era una prueba que no has superado, eres una puta, adiós.
Y así sin más desapareció de su habitación, de su casa y de su vida. Ella se sentía sucia y encendiendo un cigarrillo se juró que M se acordaría de ese desprecio tarde o temprano.
-Al fin y al cabo- pensó- la venganza es un plato que sabe mucho mejor frío.


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